Pelayo Ortega, la sorpresa continúa


Autor: Paché Merayo
Publicación: El Comercio 3-02-2010
Reúne en Gijón medio centenar de obras creadas entre 2005 y 2009 en las que está todo su universo creador .Inaugura mañana una exposición en Cornión, colgada en colaboración con la Marlborough.Se abre mañana, pero ya aguarda ordenada en las paredes de Cornión con un mensaje bajo la escalera. Pelayo Ortega, la sorpresa continúa. Explotando en colores de un lado y reteniendo en gris nuevas interrogaciones de otro, su flamante colección de pinturas y volúmenes, que estará acumulando expectación hasta el próximo marzo (clausura el día 6), es ya un imán irresistible en la galería gijonesa, que emana luz desde el sótano que cobija la sala, como un volcán emite calor desde su epicentro. Realizada en colaboración con la galería Marlborough, de la que Ortega es artista exclusivo, esta nueva cita lo es en su mayor parte con obras recientes.

Del medio centenar que exhibe Cornión, un buen número salió de su taller en los últimos meses, algunos cuadros estaban secando sus óleos tan sólo unas semanas atrás. Pero no hay sólo presente en esta cita. Reúne el pintor con todas sus armas y expresando todo su genio un poco de pasado y un mucho de destino. El primero acude en piezas que se remontan a cinco años atrás y que le dan continuidad al paso del tiempo (que tanto le preocupa), uniendo todos los inviernos y primaveras desde aquel.

El segundo aparece en forma de aviso. Con obras que hablan de nuevas intenciones, pobladas de viejas preguntas, con pinturas cada vez menos contenidas en volumen y, por tanto, más alimentas de seducción por la geografía escultórica. A las botellas que derrochan acrílico por sus laderas, pinceles, anatomías de madera, coches de resina y muñecos de plásticos de varias suertes, ha unido el pintor esta vez hasta un par de zapatos.

Es por eso este encuentro con Pelayo Ortega, que se deja ver por Gijón una vez cada dos años y siempre en su galería de cabecera, una ventana nueva, diversa y sobre todo abierta, en la que cuadros como el que dedica al autor de 'Los hermanos Tanner', el suizo Robert Walser, o el 'Retrato de Alejandro de la Sota', un arquitecto recostado sobre sus dibujos y sus reglas, encienden otras luces más allá de la alegre policromía de anteriores estaciones. Pero no escapa Pelayo del color. Ni mucho menos.

De hecho, en esta exposición, que celebra inauguración mañana, a partir de las ocho de la noche, como uno de los acontecimientos culturales de la semana, si queda una imagen prendida en la retira esa es, pese a obras como la delicada y omnipresente 'Cruz' de óleo blanco sobre negra tinta, la del gozo de los naranjas, amarillos, azules y verdes sobre los que camina su álter-ego bajo la lluvia, echan a andar los relojes y bailan nuevos sones sus sillas y escaleras.

El brillo que atrae al descender los peldaños de la galería es el que se lleva el espectador como regalo tras la visita. El coleccionista, por suerte para él, se va de la sala con algo más.