Pelayo Ortega abre en Cornión una retrospectiva de su obra


Autor: M.F.A.
Publicación: El Comercio
Pelayo Ortega hace balance de los últimos diez años de su obra con una retrospectiva en Cornión que da cuenta de su coherencia evolutiva como creador y «la belleza del arte de pintar»
Juega en casa. Pero a él, al contrario que al Sporting, no se le resiste El Molinón. «Exponer aquí es hacerlo con tu gente, con tus amigos, con los que te apoyaron desde el principio, hay un público entregado», dice Pelayo Ortega con una sonrisa en la boca mientras observa las 16 obras que cuelgan ya en la galería gijonesa Cornión hasta el 9 de abril, piezas todas ellas salidas de su paleta desde 1997 a 2007 y que han sido tituladas de forma colectiva como 'Taller', un nombre recurrente en muchas de sus creaciones.

«Son obras que hemos recuperado del almacén de Marlborough y tanto el galerista, Amador Fernández, como yo hemos intentado representar la constante de los últimos diez años, que ha sido un trabajo sobre la pintura en sí misma, el taller, lo interno, lo que es la labor de un pintor», relata a modo de presentación en una sala repleta de color y luz por efecto de sus cuadros de diferentes formatos. Y es que su pintura es un lugar «siempre encendido», «un lugar que ilumina las estancias», en palabras de la redactora de EL COMERCIO Paché Merayo, que firma el catálogo de la muestra que en la tarde de ayer abrió sus puertas al público.

Esa década de pintura recoge la parte más abstracta de su trabajo, porque, salvo iconos como la silla o el paraguas, no aparecen prácticamente referencias reales. Falta, reconoce el propio autor, quizá su tarea de los últimos dos o tres años, en los que ha incluido estructuras y relieves en sus pinturas. Pero su ausencia también tiene una razón justificada: «Era un elemento que quizá podía distorsionar un poco en la exposición», asegura Ortega.

No gusta el pintor de Mieres afincado en Gijón de juzgar su trabajo, de analizarlo en profundidad, piensa que es tarea de otros, pero acepta hacerlo sin poner peros: «Yo creo que hay una evolución lógica, coherente en estos diez años», reconoce, y explica a continuación que ha ido dando pequeños pasos en el trato del color, en la línea, en la expresividad, «pero muchas veces es el pintor el que menos perspectiva tiene para valorarlo».

Ha seguido, en definitiva, el camino que marca la pintura, el que se guía por la investigación y el sentimiento. Ha tomado, cree Ortega, la vía lógica para continuar creciendo como creador. Y es precisamente eso lo que tiene intención de continuar haciendo en el futuro. «Es difícil saber cómo será el trabajo de los próximos diez años, pero creo que mi trabajo ha sido bastante coherente, ha pasado por distintas etapas, estilos, tendencias, desde cosas figurativas y más realistas a otras más abstractas, pero creo que el proceso ha sido lógico, en el sentido de ir caminando, de dar pequeños pasos, poco a poco, de modo que no habrá cambios muy bruscos en el futuro», anuncia. Al fin y al cabo, de lo que se trata es de continuar abundando en la profundidad, «en la vigencia del arte de pintar». Porque para Pelayo Ortega, hoy como ayer, la pintura sigue siendo «un pozo sin fondo, sigue estando vigente y sigue dando resultados óptimos».

Hoy como hace una década, y como dentro de otros diez años, Ortega continuará siendo «el pintor que versifica la vida propia y traslada la emoción de un viejo bardo al recuerdo de un amigo o el poema de la historia a sus colores más sinceros». Seguirá siendo, en palabras de Paché Merayo, capaz de «sintetizar el universo en trazos mínimos y someterlo, luego, con el tiempo, con el siglo, a varios soles intrincados de pintura, bajo los que siempre, siempre, hay luz».