El taller de Pelayo Ortega


Autor: Ángel Antonio Rodríguez
Publicación: El Comercio
Cornión ha organizado una atractiva retrospección con obras realizadas por Pelayo Ortega desde 1997, que coincide con el trabajo del pintor como artista exclusivo de la internacional galería Marlborough. En esta década se han reducido sus exposiciones en Asturias que, cuando llegan, se reciben con gran entusiasmo, como avala estos días la multitudinaria respuesta del público y el coleccionismo.

La muestra se ha titulado 'Taller' retomando una palabra muy querida por el pintor, que la emplea periódicamente en sus cuadros. Y aunque es difícil establecer límites cronológicos, sobre todo en creadores que se renuevan constantemente, esta selección permite transmitir su personal lenguaje, rico en connotaciones, juegos formales, recursos plásticos e iconografías personales.

Tan sorprendente suele ser Pelayo Ortega que apenas da tiempo a digerir las novedades que plantean sus distintas etapas, porque la obra evoluciona más rápido que el juicio del espectador analítico. Ese perenne inconformismo, a veces, resulta confuso para los seguidores de un pintor siempre consciente de lo que hace y casi siempre de sus porqués.

Las energías experimentales de Pelayo Ortega le han convertido en uno de los grandes maestros españoles a la hora de abordar los misterios del dibujo y la pintura, cuya física interior investiga en cada pieza, con mayor o menor acierto y más o menos abigarramiento, logrando que el contenido temático se equilibre siempre con la lucidez plástica, los misterios literarios o los aromas poéticos. Líneas claras, con dudas y logros, con idas y venidas, con silencios o palabras. De ahí que a Pelayo Ortega le guste tanto recapitular sobre sus propios pasos, confesándose o tratando de entender también otras verdades aparentemente extrapictóricas.

Sus planteamientos éticos y estéticos parten de una autoconciencia existencialista que genera en su obra profundas preguntas y luchas con sus conflictos cotidianos, en una indagación obsesiva y tremendamente difícil. Pero su actitud vital es amiga del entendimiento y enemiga del aburrimiento. Esta exposición gijonesa es el fruto sincero de un creador perspicaz, estudioso de su tiempo y lugar, sencillo pero rotundo, paradójico pero diáfano, complicado pero sincero, inteligente y tierno. Un verdadero 'pintor' que, en ese tremendo respeto a la pintura, nunca se define a sí mismo como 'artista'.