Juega en casa


Autor: Luis Feás Costilla
Publicación: La Voz de Asturias
Cornión presenta una¡ breve retrospectiva de la intelectualizada pintura de Pelayo Ortega, sin duda uno de los artistas más importantes que han pasado por la galería gijonesa, de la que ha sido emblema durante muchos años y a la que nunca ha dejado de pertenecer del todo, a pesar de su fichaje por la galería multinacional Marlborough, que no se anda con tonterías a la hora de establecer exclusividades e incompatibilidades. Pese a todo Pelayo Ortega siempre ha sabido permanecer fiel a su, galería de casa, la de su amigo Amador Fernández, pues juntos han crecido y se han desarrollado en sus respectivas profesiones, han luchado por dar el salto nacional e incluso internacional y se han bregado en una carrera de obstáculos en la que ha tomado la delantera el muy reconocido pintor asturiano, quien sin embargo no ha querido olvidar sus orígenes y su pasado y siempre que puede ayuda a tirar del carro y a dar el siguiente paso. Nobleza obliga.

Como escribe Amador Fernández en el bello catálogo editado, para la ocasión, también firmado por Paché Merayo, en línea con la hermosa aunque dura tarea de fomentar el arte contemporáneo que desde., hace un cuarto de siglo lleva emprendiendo la galera gijonesa, la exposición, que abarca los diez últimos años de la carrera profesional de Pelayo Ortega, muestra una veintena de obras seleccionadas de los fondos de su galería de Madrid y Nueva York.

El denominador común es la idea de taller, muy adecuada si se tiene en cuenta que la pintura de Ortega está muy elaborada, no tanto en sus aspectos plásticos (que también, pero con el predominio de composiciones esquemáticas dibujadas directamente con el tubo de óleo o acrílico), como en él sentido de que es una pintura muy pensada, muy asumida, muy calentada en la cabeza y servida fría.

En la exposición se puede seguir bien este proceso, que en los últimos años ha sufrido cambios significativos, cómo una cierta concesión a la espontaneidad original de los años ochenta, una mayor apertura a los estados de ánimo y a los sentimientos y el solemne tránsito por las caminos de la excitación y el éxtasis tal vez de la expiación.