El valor de la ternura está muy presente en la obra de Pelayo Ortega


Autor: Alberto Piquero
Publicación: El Comercio 19-12-2006
El ex director del Reina Sofía asegura que son evidentes las influencias de otras artes en la obra del pintor asturiano.

Nació en París, donde su padre era profesor invitado en La Sorbona. Era el año 1953 y en la luminosa capital francesa tuvo Juan Manuel Bonet su primera formación. Aunque a los quince años ya se le puede seguir en el Equipo Múltiple, de Sevilla, junto a Francisco Rivas, haciendo sus aproximaciones iniciales al mundo del arte. Y corriendo el tiempo, procurando el diálogo entre las distintas artes -que es una de sus señas de identidad-, tras la publicación de poemarios como 'La patria oscura' o 'El café des exilés' y trabajando en el monumental Diccionario de las Vanguardias, accedió a la dirección del IVAM (Instituto Valenciano de Arte Moderno) y a la del Museo Reina Sofía, cuyo puesto abandonó en 2004. Por el camino, ha tenido la ocasión de establecer complicidades y admiraciones. Una de ellas, muy explícitamente declarada en el libro que ayer se presentó en la Galería Cornión, 'Pelayo Ortega'.

-Vista con perspectiva su etapa en el Museo Reina Sofía y acaso un final algo abrupto en la dirección que allí desempeñó, ¿qué opinión tiene si echa la vista atrás?

-Junto con el IVAM, fue una etapa de diez años. Y yo del pasado sólo recuerdo las cosas buenas, aunque también hubiera sinsabores. Fueron periodos en los que pude llevar proyectos abstractos al terreno concreto. En cualquier caso, ya se trata de pasado y estoy encantado de volver a encontrarme en mi escritorio.

-¿Y qué proyectos despliega ahora desde el escritorio?

-Si en el IVAM presentamos un Erik Satie que nunca se había ofrecido de ese modo, reuniendo su música con cuadros de Picasso o Rusiñol, ahora estoy trabajando en un pre-minimalista, Morton Feldman, que plantea la misma fusión musical y pictórica. La exposición se hará en Granada y en Dublín. Y en la última de las dos ciudades, también haremos una exposición de Alex Katz, que para mí es el artista neoyorquino más significativo de la segunda mitad del siglo XX.

-Esa fusión de las artes ya la practicaron precisamente Pelayo Ortega y usted en alguna ocasión, ¿no?

-En una exposición en Palma de Mallorca. Yo escribí un poema sobre Satie y él hizo un cuadro. En mi caso, la música alimenta mi poesía. Y son evidentes las influencias de otras artes en la obra de Pelayo.

-Sus coincidencias se dan asimismo en otros planos, como la admiración por Tintín. Usted dijo una vez que ese personaje le había enseñado a mirar el mundo. ¿Se reafirma?

-Desde luego. Yo he visto Sildavia en Sarajevo, en uno de mis viajes a la antigua Yugoslavia. Son muchas las cosas que ves a través de los ojos de Tintín. Y no sólo por la línea clara del dibujo, sino por los valores de ternura y de la infancia que representa. Ese lado infantil está inserto en muchos artistas. Y sin duda aparece en cuadros de Pelayo Ortega, más allá de la comparecencia del propio Tintín.

-Usted habla, por otra parte, de la orilla metafísica de Pelayo Ortega. ¿Se refiere a una metafísica de sentido trascendente?

-No, la referencia es de cariz más técnico, a un modo de contemplar las cosas. Podríamos llamarlo el misterio de lo cotidiano. Sin embargo, esa precisión no excluye la posibilidad de que haya artistas de este signo que se abran por igual a lo trascendente. Los hay más o menos espiritualistas. A mí me ha interesado mucho Pelayo a partir de su etapa crepuscular.

Tres fases

-¿Podemos dividir a grandes rasgos la evolución de Pelayo Ortega en una primera fase que se ha caracterizado como 'pintura nerviosa'; una segunda, 'crepuscular', y la tercera, de 'línea clara'?

-Sí y no. No podemos simplificar. Por ejemplo, en las últimas obras hay rasgos expresionistas de la 'pintura nerviosa'. O en la exposición de Masaveu que pudo verse durante la Feria de Muestras, la evocación nos devolvía a la etapa 'crepuscular'. En la actualidad, se interesa por la geometría, por el empleo de varillas y metales... No cabe reducirlo.

-Vamos con la poesía. En su juventud fue compañero de vanguardia poética al lado de Federico Jiménez Losantos. ¿Cómo observa su trayectoria en el papel de voz tonante de la radio española?

-Es un viejo amigo al que le conservo la fidelidad. Es muy valiente por decir lo que piensa. Aunque en estas cuestiones, a mí suele acusarme de centrista. Fue una buena época la de juventud, recuperando lo mejor de la tradición española.

-¿Asturias dispone de museos suficientemente significativos?

-Yo siento devoción por el Museo de Bellas Artes de Asturias, que posee 'La rosa', de Luis Fernández, uno de los diez mejores cuadros del siglo XX español. Los museos gijoneses lo completan.