El regalo de Navidad de Pelayo Ortega


Autor: Redacción
Publicación: La Nueva España 19-12-2006




Juan Carlos Gea, de LA NUEVA ESPAÑA, destacó el carácter «profundamente asturiano» que universaliza la herencia de Valle y Piñole

Gijón

«Pelayo Ortega», la imponente monografía sobre el pintor mierense afincado en Gijón que firma Juan Manuel Bonet y que ha publicado la editorial gijonesa Trea, nació ayer oficialmente «en el lugar donde todo empezó». Con esas palabras aludió a la galería Cornión la alcaldesa de Gijón, Paz Fernández Felgueroso, en la intervención que cerró un concurrido acto, para el que, en efecto, se escogió como escenario la misma sala donde se fue fraguando la carrera del que Felgueroso saludó como «el pintor más internacional de Asturias». Para la Alcaldesa, la publicación de «Pelayo Ortega» es «un verdadero regalo de Navidad».

Arropado por una numerosa representación del mundo artístico y cultural asturiano, y escoltado por una pequeña antología de su obra perteneciente a los fondos de Cornión, Pelayo Ortega dejó, justamente, la elocuencia a su elocuente obra y se limitó a repartir agradecimientos en una brevísima intervención. Las palabras corrieron anoche de cuenta, por orden de intervención, del galerista Amador Fernández Carnero, que dio la bienvenida a los presentes; del periodista de LA NUEVA ESPAÑA Juan Carlos Gea; del autor del texto de «Pelayo Ortega», el escritor, crítico y ex-director del Museo Reina Sofía y el Instituto Valenciano de Arte Moderno, Juan Manuel Bonet, y de Paz Fernández Felgueroso.

Bonet -quien ha escrito en numerosas ocasiones sobre la obra de Pelayo Ortega, y a quien une una «amistad de más de tres lustros» con el pintor- confesó que los 120 folios de texto que escribió para el libro han sido «lo más extenso» que ha escrito, con salvedad de su «Diccionario de las vanguardias», y también «lo más fácil y lo más fluido» de cuanto ha salido de su pluma. Ello revela el buen conocimiento de la obra de un pintor al que descubrió en Madrid, en los primeros ochenta, cuando -recordó- Pelayo estaba inmerso en la fase expresionista de sus «pinturas nerviosas».

A partir de ahí, el crítico reconstruyó la biografía pictórica del pintor: su fase «crepuscular», el paso de la provincia «oscura y melancólica» de los ochenta a la «provincia blanca» de los noventa, pasando por la importancia de elementos como la música y el cómic, emblematizados en dos de las pasiones compartidas por Pelayo Ortega y Juan Manuel Bonet, y profusamente analizadas en el libro: el músico Erik Satie y el dibujante Hergé, a través de su «inmortal personaje», Tintín. No pudo Bonet resistirse a romper, con ironía, una lanza añadida en favor de Hergé recordando que esta semana el Centro Pompidou inaugura una muestra sobre Tintín. «Si se me ocurre hacerlo cuando era director de museo, algunos críticos me hubieran llevado al paredón», dijo.

Bonet también aclaró que la estructura de su texto mezcla lo estrictamente cronológico con el análisis por temas, alternando el estudio de la sucesión de etapas creativas de Ortega con la atención a sus homenajes, sus referentes literarios, pictóricos o musicales o su deuda con maestros como Valle y Piñole. El autor concluyó afirmando, en referencia al salto internacional que este año ha dado Pelayo Ortega con su exposición en Nueva York, que el pintor está «listo para confrontarse» con el resto de pintores que ahora mismo campan en el panorama internacional.
Gea, por su parte, hizo hincapié en el carácter de «acontecimiento artístico, cultural» y «también local» que reviste la publicación del volumen, y destacó el modo en que en la obra de Ortega «se vinculan vida y pintura, fundiendo de manera indistinguible la experiencia del pintor y la experiencia del pintar». El periodista hizo referencia también al carácter «profundamente asturiano» de la obra, que «universaliza» la herencia que recibe de pintores como Valle y Piñole, y «convierte en símbolos lo que en otros pintores no pasa de anécdotas».

El acto concluyó con el efusivo agradecimiento de la Alcaldesa en nombre de la «ciudad adoptiva» de Pelayo Ortega, por el modo en que su pintura también ha contribuido a la «promoción» de un Gijón «universalizado». Felgueroso apeló a Francisco Carantoña para tomar en préstamo su retrato de Ortega como «un pequeño filósofo» entregado a la universalización de Gijón «a través de sus menudencias».