El libro de su vida


Autor: Cuca Alonso
Publicación: La Nueva España 19-12-2006
Supongo que es preceptivo que las salas de arte carezcan de calefacción como medida preventiva de un posible perjuicio a las obras expuestas. La noche de ayer era gélida, y la sala Cornión ocupa el subsuelo, pero nadie se enteró de la posible frialdad. A medida que el público descendía la escalera se puso en marcha un cambio climático, y hasta la Alcaldesa buscó un rincón para dejar el abrigo. El alcance del acontecimiento, la presencia de un apretado grupo de incondicionales de Pelayo Ortega y la admiración despertada por la breve antología que de su pintura ilustraba las paredes caldearon la temperatura ambiental, como acaso ayer, cuando aún era verano. Se presentaba el libro de su vida, «Pelayo Ortega», la primera magna recopilación de su trabajo, que excede los catálogos. Un volumen que según voces bien informadas es extraordinario, pero que nadie vio. Editado por Trea, su literatura corresponde a Juan Manuel Bonet, un notable crítico de arte, escritor y poeta cuyas responsabilidades han pasado por la dirección el IVAM de Valencia o el Reina Sofía de Madrid. El director de Cornión, Amador Fernández, tan estrechamente unido a la obra de Pelayo Ortega, dio las gracias a cuantos han colaborado en una edición que sin duda habría de ser un paso obligado en la trayectoria de este magnífico artista. Posteriormente cedió la palabra a un «pelayista» de convicción, devoción y afecto, Juan Carlos Gea, redactor de la NUEVA ESPAÑA. Antes me había murmurado incómodo: «Es mi amigo, pero qué poco me gusta hacer estas cosas...». ¿Y lo bien que las haces, chaval? ¿Y lo guapo que estabas allí en medio, con tu eterno toque de progre lumbrera y asequible? ¿Y el brillo que pusiste en la mirada un poco oblicua de Pelayo Ortega? «Hoy me corresponde estar en esta parte del lienzo», dijo Juan Carlos Gea, añadiendo que el acontecimiento merecía el esfuerzo. «Como no soy orador, me he puesto alas como las que pinta Pelayo Ortega en sus ángeles», y agitó sus folios. Por cierto, éstos, los brillantes folios, bien merecerían una página en el Cultural de los jueves que dirige Paco García Pérez. «Este libro -libro que no estaba- llega en un momento perfecto, ya que culmina un año redondo para Pelayo Ortega, iniciado en Nueva York, Chelsea, galería Malbourgh, donde obtuvo un gran éxito, seguido de una exposición individual en Madrid, también bajo la firma Malbourgh». Al llegar agosto Pelayo Ortega celebró su 50.º cumpleaños con una extraordinaria muestra instalada por la Fundación Masaveu en el pabellón de Tudela Veguín de la Feria de Muestras de Asturias. «Es como pedrada en ojo de boticario», comentó Gea. «Es un acontecimiento para el arte asturiano, ya que Pelayo Ortega es el pintor de mayor proyección internacional, aunque esto no case muy bien con su reserva. Y un acontecimiento en esta ciudad de su adopción, que ha logrado metabolizar hasta el extremo; su pintura es el emblema de Gijón, paradigma de una ciudad de provincias». «Es el libro que he escrito de la manera más natural y más fácil», manifestó Juan Manuel Bonet, y a medida que avanzaba en sus palabras iba introduciendo alusiones a un cuadro rosa situado a su espalda. Como si no pudiera sustraerse a su fascinación, aquella sonrisa en medio de un mar rosa, los ojos de nadie, el hombrecito del borde con su paraguas... «Casi cinco lustros dura nuestra amistad, así que comencé a escribir estos 150 folios bajo un orden cronológico, pero tuve que romperlo». Tras unas encendidas palabras de admiración por la obra del asturiano, Juan Manuel Bonet matizó: «Quizá Pelayo Ortega haya de poner un pie permanente en Nueva York». La gratitud del propio pintor y las felicitaciones de la alcaldesa, Paz Fernández Felgueroso, sellaron las formalidades.