Pintando en plata


Autor: J. C. GEA
Publicación: La Nueva España 17-2-2006




Cornión inicia una serie de seis colectivas en conmemoración de sus 25 años con una muestra de Camín, Suárez, Melquíades Álvarez y Pelayo Ortega.

Cuando Amador Fernández Carnero decidió iniciar la andadura de una nueva librería-galería de arte haciendo suyo el legado de Atalaya, la inolvidable sala de Eduardo Vigil, además de la mole del Cornión -icono tutelar que invocó desde su pasión de montañero-, el galerista puso la sala recién nacida bajo otra advocación, ésta artística: la de Antonio Suárez y Joaquín Rubio Camín, los dos grandes creadores plásticos gijoneses que hicieron de puente entre la generación de Valle y Piñole y la generación que Fernández Carnero aspiraba a promocionar. Dos de estos nuevos pintores eran Pelayo Ortega y Melquíades Álvarez, cuyas exitosas trayectorias arrancaron con firmeza a la sombra de Cornión. Ahora sus cuatro nombres aparecen unidos en la exposición «2x2», que la galería gijonesa inaugura esta tarde como apertura de la serie de seis muestras colectivas con las que Cornión quiere conmemorar su vigésimo quinto aniversario y repasar su imprescindible aportación al panorama de la plástica asturiana del último cuarto de siglo.

Antonio Suárez, el más veterano de los artistas representados en «2x2», aporta cuatro lienzos correspondientes a momentos distintos de su trayectoria: junto a una imponente pieza de 1961 -en pleno apogeo de las propuestas más contundentes y raciales del Grupo «El Paso», del que formó parte-, Suárez exhibe otras tres representativas de etapas más recientes, en las que destaca un delicado bodegón.

Rubio Camín -que formó una terna clave para el arte asturiano de posguerra junto a Suárez y a Eduardo Vigil- cuelga una serie de bodegones que dejan claro por qué los que conocen bien su lado de pintor se alegraron cuando, hace un tiempo, y dejando atrás un letargo de muchos años, el artista decidió hacer convivir los pinceles con los útiles de escultor. Las piezas expresamente pintadas para la muestra que hoy se inaugura hablan con elocuencia de la sencilla maestría que Camín también demuestra como pintor.

Melquíades Álvarez presenta en «2x2» tres piezas: un óleo de notable formato que inyecta melancolía en un característico rincón del parque de Isabel la Católica, junto a un gran dibujo de paisaje y un tríptico en los que se refleja la exquisitez conceptual y técnica que el pintor ha convertido en su marca distintiva.

La aportación más abundante es la de Pelayo Ortega, en lo que constituye casi un «menú-degustación» de los distintos frentes en los que está trabajando en estos momentos pletóricos de actividad y exposiciones dentro y fuera de España el mierense afincado en Gijón: la veta más densa, dura y expresiva («El ciego») junto al trabajo sobre superficies negras, las «construcciones» sobre distintos materiales, al borde de la escultura, y una serie de carteles de tema neoyorquino que evocan la reciente y exitosa aventura del artista en la Gran Manzana. La proximidad casi diaria que mantiene con Cornión, incluso después de haberse convertido en artista exclusivo de la galería Marlborough es, por cierto, una buena muestra de la estrechez de los vínculos que la galería mantiene con muchos de sus artistas.

En los meses que restan hasta julio, Cornión irá desgranando su biografía plástica con otras cinco exposiciones en las que, con pretexto monográfico, se hilvanarán las obras de una treintena larga de artistas vinculados a la galería. El protagonismo irá recayendo, sucesivamente, en la escultura -Rubio Camín, Amancio, Maojo, Knörr, Carmen Castillo...-, la pintura abstracta -Ramón Isidoro, Fega, Núñez Arias, Victorero...-, la obra sobre papel -Aurelio Suárez, Paredes, Fernando Peláez, Ramón Rodríguez...-, el trabajo con el color -Díaz Roiz, Rábago, Prendes, Del Río...-, más una muestra dedicada a autores como José Arias, Josefina Junco y Edgar Plans, el benjamín de esta larga nómina.

Todo ello irá discurriendo, como Fernández Carnero tiene por costumbre, sin mayor prosopopeya. Aunque, eso sí, en la mediatriz de las dos tareas que Cornión ha desarrollado a lo largo de estas últimas dos décadas y media, de ese tiempo y lo sucedido en él quedará constancia en un singular libro conmemorativo que aparecerá a lo largo de este año.