Cornión en su edad de plata


Autor: Cuca Alonso
Publicación: La Nueva España 18-2-2006
La sala de arte Cornión inauguró ayer la primera de las seis exposiciones con las que ha de celebrar sus 25 años de existencia. Cuatro maestros concurrían a ella: Antonio Suárez, Joaquín Rubio Camín, Melquíades Álvarez y Pelayo Ortega, presentes en el acontecimiento, salvo Antonio Suárez. Con semejante elenco no cabe más actitud que la admiración y la reverencia; sobre su obra todo se ha dicho y celebrado, sus nombres ya ocupan la historia del arte, de manera que es difícil pensar que las paredes de Cornión logren exhibir algún día mayor excelencia.

Arropando a su mentor, Amador Fernández, allí estaba la mayor parte de su escuadra, Ramón Prendes, Fernando Redruello, Reyes Díaz Blanco, Pablo Maojo, José Ramón Cuervo Arango... Incluso sus últimos fichajes, Edgar Plans y Javier Victorero, que participarán en las próximas muestras conmemorativas. Estas llevarán el título de su carácter monográfico, "abstracto", "papel",. "color", "esculturas" y una sexta especial sin definir cerrará la celebración el próximo mes de julio. "¿Qué suponen estos 25 años?", le pregunté a Amador Fernández. Siempre en su línea de discreción no quiso atribuirse laureles, "el mérito fue recíproco y hubo suerte; elegimos a personas trabajadoras y serias; otras se quedaron en el camino".
Amador, remontándose a los inicios de Cornión, recordaba: "Había dos generaciones, la de los jóvenes que éramos amigos y la de los mayores que significaban nuestros padres espirituales".

Su ilustrísima Joaquín Rubio Camín, que nunca dejó de pintar, aunque quizás ha sido la escultura quien le dio relevancia internacional, comentaba que su primera exposición pictórica, 1948, la celebró en la desaparecida sala Cristamol, en la calle Corrida. En 1952 se estrenaba en Madrid,al obtener el premio "Primavera" convocado por la sala Turner, "entonces ya había conseguido el accésit del Premio Nacional de Pintura, con un paisaje del muelle, pintado en Madrid; todo lo que pinté en Madrid eran motivos gijoneses". En 1955, Rubio Camín fue galardonado con el Premio Nacional, "era otro paisaje de Gijón, con caballo incluido;ese cuadro está en el Museo Reina Sofía y, curiosamente, antes se había expuesto en la Universidad de Oviedo sin que le hiciera caso ni San Pedro".

Hubo ausencias sonoras ayer en Comión; algunas lacerantes, como la de Javier del Río. Siempre estaba allí, con su chaqueta de paño grueso, sus ojos inmensos y la timidez colgada de la sonrisa como un estandarté de humildad. Apenas se lo había creído cuando se fue. También tenía, como Rubio Camín, a Gijón en la retina, simplificándolo en un poema cuadrilátero. Tengo de él una gallina urbana, un barco rodeado de ballenas y un retrato llenos del recuerdo de su cariño y su confianza. Tampoco estaban Miguel Mingotes y José Arias, a Dios gracias, porque sí, uno de ellos estaba de viaje.

"¿Todo a la venta?", pregunté. Capciosa; antes de escuchar respuesta vi los botoncitos rojos adornando los epígrafes. Todo el Nueva York de Pelayo Ortega, fuera; no es de extrañar, eran sensacionales, no se puede expresar mejor la desmesura entre el calor, el color y el frío. Esos paisajes de Melquíades Álvarez, que se pierden en la ideali'zación de la memoria, también, ya tenían un dueño amante.
Los bodegones de su ilustrísima, tan tenues, envolvían en lirismo su banal destino doméstico... Las felicitaciones a Cornión llevan doble intención, una por la edad y otra por el éxito.