Linea y mancha de Pelayo Ortega


Autor: José Antonio Samaniego
Publicación: La Nueva España 26-2-2005
En la página inicial del catálogo dice que la exposición se realiza en colaboración con la galería Marlborough. Como casi todo el mundo sabe, se trata de una empresa multinacional de arte, con galerías en ciudades importantes del planeta. Desde 1998, el asturiano Pelayo Ortega (Mieres, 1956) tiene contrato con esta galería y expone por tanto en todo el mundo. Es un caso más de globalización del arte, similar al de otros muchos productos de la industria o de la cultura, tal y como se ha venido configurando el proceso de relaciones mundiales en nuestra época. Marlborough patrocina a una veintena de artistas españoles, entre ellos Chirino, Francisco Leiro, Antonio López, Miquel Navarro, Manolo Valdés, Navarro Baldeweg, y legados de Lucio Muñoz y Antonio Saura. Un club muy selecto.

En el texto del catálogo, y en el periódico (11/02/2005. N.º 817), el crítico de LA NUEVA ESPAÑA Rubén Suárez señala la buena relación de Pelayo Ortega con la galería Cornión, que le apoyó y llevó a ARCO y a la que el pintor sigue agradecido. O sea, no quiere olvidar a su público asturiano, espera de su gente un aliento, una opinión, un contacto que le mantenga unido a las raíces de su arte y de su tierra. Gijón se convierte así en una plaza ligada a acontecimientos mundiales del arte, primicia de un pintor antes de su presentación en Madrid y Nueva York. Señala también el crítico cómo en la pintura de Pelayo se da una gran continuidad, de modo que en sus cuadros, a la vez que las últimas novedades en la forma de pintar, hay también referencias a elementos de su obra anterior, como el hombre que pasea con su niño, la silla del sempiterno observador o los relojes y otras imágenes que sirven para marcar el tiempo. De manera que Pelayo construye una obra con referencias a su propio pasado, marcando así las transiciones vitales del artista en la evolución de su pintura.

También Juan Carlos Gea se ha ocupado del pintor en LA NUEVA ESPAÑA de Gijón, el día en que se inauguró la exposición (viernes, 4 de febrero de 2005, Pág. 64). Gea señala la convivencia de figuración y abstracción, de línea y plano en esta nueva etapa de la pintura de Pelayo, que hace saltar por los aires distinciones académicas más o menos establecidas para analizar el lenguaje pictórico. Pero especialmente se hace eco de una nueva hondura u oscuridad en la pintura de Pelayo Ortega, que deja de ser sencilla y un tanto melancólica para tomar un nuevo aire más denso y sublime.