El color de Pelayo Ortega regresa a las paredes de Gijón


Autor: Paché Merayo
Publicación: El Comercio 29-1-2005
El afamado pintor inaugura una exposición con las creaciones de los dos últimos años en la Galería Cornión.

Prepara para fin de año su cita con Nueva York, mientras 11 de sus obras parten mañana rumbo a Arco 2005.

El próximo viernes Cornión abre sus puertas a su pintor más emblemático. Pelayo Ortega, del que hay rastros de óleo y carboncillo por toda la galería, del que asoma destreza sobre los libros, oficio en la pared que anuncia el umbral por el que se desciende a la sala y genio a manos llenas entre las joyas del almacén, regresa a las paredes que cobijaron sus comienzos en Gijón.

Hasta el viernes próximo la inauguración no será oficial, pero los óleos, inmensos unos, íntimos otros, todos fortalecidos por el talento que ha crecido en sus manos y pinceles, aguardan ya bajo los focos, aún apagados.

Lo más arriesgado.

Dos años completos de su vida circularán ante el espectador cuando las luces se enciendan sobre las pinturas, ofreciendo lo más arriesgado de entre todas las creaciones nacidas en este tiempo (2003-2004).

Asegura Amador Fernández, el galerista y amigo, que << a la hora de seleccionar no ha habido concesiones a la amabilidad, a lo que puede considerarse más facil de asimilar para los sentidos. Se ha querido mostrar al Pelayo más fuerte.

De hecho, un pequeño cuadro que recrea a Tintín, personaje que durante un tiempo formó parte de la iluminada iconografía de Pelayo Ortega y que ahora rescata como un nuevo reencuentro con la memoria, fue apartado de la muestra.

Y no por desmerecer del resto -de hecho, no se ha habierto la exposición y ya está vendido-, sino por sumar más dosis de complacencia que sus compañeros de paredes.

La selección "arriesgada", insisten galerista y pintor, asume la "alta sensibilidad" de la ciudad que la acoge y de los visitantes que ambos esperan.

Tan convencidos están de qué la mirada de aquí es más abiertá que la de la media de paseantes, por ejemplo, de la Feria Internacional de Arte Contemporáneo, Arco a cuya inminente edición acude Pelayo como invitado estrella-. Que las obras preparadas para Madrid son << algo más amables que éstas>>

El escaparate del pintor asturiano que en la capital vuelve a ser la galería Marlborough. En él mos trarán un conjunto de piezas de todos los formatos que, siendo absolutamente honestas con el espíritu de búsqueda de Pelayo Ortega, requieren, en algún caso, menos esfuerzo al que posa los ojos sobre ellas.

Son, en total, once obras las que la sala ha elegido para la ocasión. Todas están siendo embaladas para iniciar mañana su viaje al recinto ferial Juan Carlos I. Allí se encontrarán con los cientos de artistas de todo el mundo, entre los que, como ya adelantó este periódico, estarán los que conforman el cartel de la sala ovetense Vértice, única representante asturiana entre las más de 300 galerías de Arco 2005.

Madrid será su segunda cita de febrero, como Nueva York será la última del año, ya que la Marlborough tiene programada el encuentro de Pelayo con la ciudad de los rascacielos para finales de otoño. Pero la atención está ahora en Gijón, donde el pintor, que ha pulido aquí su imaginario, ofrece lo mejor de sí mismo.

Los homenajes

La exposición de Gijón, que saluda con una impresionante tabla titulada 'Túnel del tiempo', integra elementos de todo el universo Ortega. Y es que, como asegura el creador, cada día más implicado en la máxima de "que sea la pintura la que hable por mí" (cuando su verbo es otro de los sillares de su arte), el que pinta; como el que escribe o el que hace casas, "no puede escaparse de su entorno, de sus estados de ánimo y de las circunstancias que rodean su mesa de trabajo o sus pinceles".

Por esa razón entre las masas enérgicas de color hay, además de pintura, historia, vida, búsqueda, luchas y bastante tormento. "Convulsión", dice Pelayo, que no niega la herencía del rigor enloquecido de Van Gogh en una de las 17 obras de la exposición ('Paisaje encendido') y reconoce con un homenaje a Picasso ('El ojo') y otro a Pollock ('El viejo granero'), lo que los maestros han regalado a su mirada y han marcado en su pulso.

Un tercer tributo abierto se une a la muestra. Se trata de un cuadro ('El núcleo duro') en el que trabajaba al conocer la muerte de Javier del Río y que por alguna extraña razóp., admite el creador, está imbuido de su espíritu pictórico.

En realidad, la exposición completa, en la que están la lluvia, la silla, la pipa (ahora reconvertida en espiral) y el propio pintor, es un homenaje en sí misma. Lo es a la pintura con mayúsculas, al color, al universo y a todos los elementos que alimentan la memoria y el presente de Pelayo Ortega.