Pelayo Ortega y sus nuevos campos de pintura


Autor: Rubén Suárez
Publicación: La Nueva España 11-2-2005
Como los aficionados asturianos a la pintura saben, Pelayo Ortega (Mieres, 1956) vive en Gijón desde finales de los años ochenta, después de haber residido largo tiempo en Madrid, y desde Gijón ha conseguido llegar a situarse entre los artistas españoles de mayor proyección nacional y aún internacional, cuestión esta última que con seguridad tendrá plena consolidación cuando a finales del presente año celebre en Nueva York la exposición que tiene prevista con la galería Marlborough, una de las más importantes del mundo y de la que Pelayo es artista exclusivo.

Aunque la trayectoria del pintor es también conocida, tanto en los datos de su biografía como en la evolución de su obra, conviene referirse a ella brevemente porque nos ayudará a situamos mejor ante la muy importante exposición que ahora presenta" en Gijón, en un momento de plenitud creativa, resultado de una evolución de admirable coherencia. Pelayo Ortega es un artista que gozó del reconocimiento de la crítica y de los espectadores del arte desde muy joven, que le acompañó a lo largo de su estancia en Madrid y le permitió obtener destacados premios y suscitar el interés de colecciones institucionales y particulares. Cuando fijó su residencia en Gijón, había ya dejado atrás experiencias de abstracción y figuración expresionista y llamaba la atención una pintura de enigmática atmósfera metafísica, narrativa, oscura y nostálgica, aquélla de las calles y plazas desiertas y lluviosas atravesadas por la emblemática figtíra del hombre del paraguas, reconocible icono.
Vinieron entonces, en coincidencia con el nacimiento de su hijo, las rientes claridades de la feliz "provincia blanca", etapa en la que alumbró una tan sencilla como poderosa iconografía de expresiva fluidez.

Como en un juego, en la superficie del cuadro aparecía una configuración plástica inconfundible tanto en la concepción del espacio como en la intensidad, Ia expresividad y la sugestión de línea y color, una de las obras más genuinas que aparecían en el panorama nacional y que fue destacada por la crítica y de modo especial por Juan Manuel Bonet.

Fue por entonces cuando con ocasión de una de las ediciones de ARCO, donde reiteraba cada año su éxito con la galería Cornión, el dueño de la galería Marlborough, Pierre Levai, conoció y adquirió su obra y posteriormente le ofreció un contrato en exclusiva. Coincidiendo con aquella circunstancia, algo después,iniciaba: Pelayo Ortega una redefinición de su obra, que por otra parte siempre se mantuvo en evolución permac nente, aunque manteniendo fidelidad a su pasado ,un discurso estético cuya coherencia es debida a que nunca es un accidente de las formas sino'la sustántiva respuesta a una fuerte identidad en lo creativo. La nueva etapa configuraba una obra menos narrativa y más plásticamente autónoma y creaba un tejido de relaciones entre las formas más denso y complejo, con mayor intención constructiva y, sobre todo, introducía la mancha como elemento de lectura explícitamente abstracta, aun cuando la abstracción como concepto ya participaba en la obra anterior. Las exposiciones en la galería Marlborough de Madrid mostraron, primero con mayor contención y luego más acusadamente, estos nuevos "campos de pintura", como los llamó el pintor y que adquirieron una muy notable envergadura plástica.

Como ahora se podrá ver, esta pintura que concilia figuración y"abstracción en relaciones de plena interactividad y fascinante simbiosis plástica, compatibles con la referencia intimista al mundo del pintor y sus señas de identidad estética, está en un momento de notable plenitud.

Curiosamente, esta nueva pintura bilingüe de Pelayo Ortega recorre, para llegar a la misma conclusión, un camino inverso al de la abstracción superadora del formalismo, esa moderna neoabstracción conceptual, autorreferente o contaminada de los datos de la realidad exterior o de las vivencias del artista. En el caso de Pelayo, esos datos y esas vivencias vienen de antes y lo que contamina es la abstracción, la pasta de la mancha informal, densa y arrastrada y nuevos elementos lineales en diálogo con la espeéialidad y el grafismo ya dados, conformando figuraciones o puras sugestiones cromáticas autónomas, territorios mestizos de enorme vigor pictórico y dinamismo compositivo.

Y hay que llamar la atención sobre una obra determinada, "Las medidas universales", porque con toda probabilidad supone un nuevo ca.¡nino en la pintura ae Pelayo "Ortega, aun cuando continÚe profundizando en lo ya emprendido. Se trata de una
nueva experiencia creativa que entraña una mayor libertad de actuación desde la misma superación de los formatos y los soportes convencionales. Estas "combine paintings",ensamblajes sólo de superficies pintadas y no con objetos ajenos a la pintura, son estructuras abiertas que acoplan distintos fragmentos y en las que el bastidor, además de sustentar la obra, actúa como elemento compositivo, y todo ello asimilando en la obra los signos, iconografías o formas abstractas característicos de su creación. Una nueva lectura de la propia obra y también una nueva manera de rendir homenaje a Mondrian, uno de los maestros más admirados por el pintor, en las verticales y horizontales de rigor ortogonal, al tiempo que la introducción de la geometría constructiva y la dimensión tridimensional.

Y ya que hemos hablado de homenajes, hay otros en esta muestra. Uno el dedicado a Pollock con "El viejo granero", el histórico estudio en el que el artista americano tomó la decisión de situar el lienzo sobre el suelo y llevar a cabo la ceremonia iniciática de la "action painting", el goteo y el derrame de pintura con la lata agujereada y el palo distribuidor de la pasta. Y, de especial mención por su significación, el rendido a la memoria de Javier del Río con el cuadro "El nucleo duro de lá pintura". Un recuerdo para el pintor gijonés fallecido la noche de 15 de abril, precisamente cuando Pelayo Ortega iniciaba esta obra, el amigo entrañable y compañero en esta galería Cornión que Pelayo considera parte de sí mismo y en la que ha querido presentar su obra antes de que sea vista en las próximas exposiciones de Nueva York y Madrid. Una gran exposición.