Pelayo Ortega en la Calle de la Merced


Autor: Luis Feás Costilla
Publicación: La Voz de Asturias 27-2-2005
Pelayo Ortega en la calle de La Merced

Pelayo Ortega presenta en estos días, en la galería Cornión de Gijón, una veintena de cuadros que ya no llevará a Nueva York ni a Madrid, a sus próximas exposiciones en Marlborough, galería multinacional con la que tiene firmado un contrato en exclusiva que es de esperar que consiga que su obra seareconocida internacionalmente. Y no podrá llevar ni exponer en Nueva York y en Madrid estos cuadros porque -es tan sencillo como eso- los ha vendido todos, tan ansiosos estaban los coleccionistas asturianos de poseer obra suya reciente. Los precios son los mismos, y los cuadros no son mejores que los de sus etapas precedentes, pero parece como si hubiera una cierta ansia por tener algo del artista asturiano, antes de que se lo lleven por esos mundos de Dios. Pintor inteligente, y autorreflexivo hasta el extremo, su obra se encuentra, o al menos da esa sensación, en una. encrucijada, en un momento de cambio que, conociéndole, no será muy brusco, pero seguro que no estará exento de riesgo. Es en momentos de recapitulación, como la que hizo con motivo del homenaje que le rindieron en el Certamen de Pintura de Luarca, cuando Pelayo Ortega suele dar lo mejor de sí, por lo que habrá que estar muy atentos.

En los años ochenta, cuando aún vivía en Madrid, empezó a cultivar un estilo pictórico claramente definido que en los años noventa, una vez de vuelta a Asturias, y de finitivamente establecido en Gijón, simplificó al máximo, bajo la influencia del cómic de línea clara reivíndicado por algunos artistas posteriores al pop. La expresividad plástica de sus primeros años fue sustituida por una técnica mucho más sencilla, de colores planos y líneas dibujadas directamente con el tubo de pintura, pero que mantenía los mismos íconos perfectamente reconocibles: la silla, el caballete, el paseante bajo la lluvia- y semejante carga meta-artistica, con homenajes constantes a sus creadores favoritos. Esta última etapa, más farragosa, no parece ser sino el postrer asalto a la misma fortaleza intelectual. ¿Qué vendrá ahora? Nos puede dar la respuesta el cuadro estrella de la exposición, Las medidas universales, que muestra lo bien dotado que está Ortega para el ensamblaje.