Cinco apuestas escultóricas


Autor: Ángel Antonio Rodríguez
Publicación: El Comercio 26-11-1998
La galería Gijonesa Cornión presenta durante estos días la segunda exposición colectiva de sus renovados espacios que, bajo el epígrafe Referencias escultóricas, enseña la obra de cinco artistas asturianos. Sus estilos definen cinco diferentes maneras de afrontar la creación en este terreno, donde conviven análisis conceptuales y formales bien diferenciados.

Asturias cuenta con una importante nómina de escultores contemporáneos que están escribiendo sus propios capítulos en la historia de nuestro arte reciente. Muchos de ellos tienen personalidades bien definidas, que definen un universo escultórico bastante heterogéneo en el panorama actual. Sin duda, la labor de algunas instituciones públicas, como la Caja de Asturias o el Museo Antón de Candás, ha sido decisiva en la difusión de esta disciplina.

Pero no menos importante es la labor de varias salas privadas que vienen defendiendo periódicamente a los escultores asturianos, cuyo trabajo es bastante difícil de proyectar en el limitado mercado de nuestra región. En este sentido, la galería Cornión es una de las pocas que han apostado por la obra tridimensional de varias generaciones, algunas . de las cuales se dieron a conocer nacionalmente desde este veterano punto de encuentro gijonés.

Esta exposición trata de poner sobre la mesa las cartas estéticas de los escultores cercanos a Cornión, que, pese a caracterizarse por trabajos que se nutren del oficio y la síntesis, no responden a premisas arquetípicas ni a estilos comunes, manteniendo en esta ocasión un sugerente equilibrio entre las técnicas, los materiales y los apoyos conceptuales. Camín, una vez más, ha trabajado sobre acero cortén, dedicando tanto tiempo a la reflexión como al diseño, la ejecución o el tratamiento de las superficies de la obra. Por eso constituye, a nuestro juicio, la sorpresa más agradable del conjunto, manteniendo una relación con su pasado pero ofreciendo novedosas soluciones formales, que dialogan permanentemente con el espectador. También el acero es el material preferido actualmente por Amador, que continúa recogiendo el testigo estético de los padres de la escultura vasca, ha fiado aquí con una insistente charla con el cubo. Pablo Maojo, por su parte, sigue alcanzando nuevas cotas de madurez en cada exposición, desde esa iconografía íntima que fluye entre los precisos cortes de la motosierra y la gubia, al dictado de una habilidad y una ironía verdaderamente deliciosas.Fernando Redruello ofrece cuatro piezas llenas de lecturas, denuncias y sarcasmos, en línea comunicativa con aquellos oscuros deseos del objeto que planteó en sus últimas apariciones públicas.

Finalmente, Amancio aporta la estética más figurativa de todas, demostrando la potencia de sus recursos técnicos en el juego con las maderas, plenas de sutileza y fieles a las leyes internas que marca cada una de las vetas.