Este Arco es como...el futbol


Autor: Rubén Suárez
Publicación: La Nueva España 17-2-2000
Esto de Arco viene a ser como... no como el toro de Jesulín, pero sí como el fútbol. Porque los que saben de fútbol te dirán que hay una polémica eterna entre los menottistas y los bilardistas, que toman su nombre de dos famosos entrenadores argentinos. Los primeros defienden el "espectáculo"y los segundos dicen que el que quiera espectáculo que vaya al circo y que lo que verdaderamente . importa es ganar los puntos.

Bueno, pues Arco viene a ser algo así, entre "bienalistas" y "comercialistas", o sea, entre los que tienen la idea de que la feria debe ser como una bienal en la que se presenten las últimas tendencias más "arriesgadas" y los que creen que la feria es sobre todo una feria donde lo que importa es los puntos, es decir, vender. En el transcurso de las diecinueve ediciones de Arco, las cosas han ido evolucionando hacia este segundo y más pragmático planteamiento, aunque hay que decir que la evolución se ha hecho conservando "las maneras", porque hay interés oficial en que Arco tenga un nivel internacional de calidad e incorporación de las últimas vanguardias. El resultado es un ten con ten más que aceptable que demuestra la solidez y buena organización de la feria.

La rigurosa selección de las galerías, con todas las matizaciones que se quiera, es un primer paso. Este rigor, sin embargo, es flexible, como no podría ser de otra manera, en cuanto a las propuestas de los artistas incluidos. Tanto en soportes y técnicas, con predominio absoluto de pintura, escultura y, este año algo menos, fotografía, como en formatos y planteamientos plásticos, porque es lo que la gente, coleccionistas o compradores ocasionales, adquiere. Pero luego se estimulan las compras institucionales, oficiales y empresariales, para que artistas y galerías puedan vender también aquellas piezas de mayor tamaño y más difícil comercialización. Además, se subvenciona a galerías internacionales y singularmente a las del país invitado, en este caso Italia, para que puedan aportar, sin excesivo riesgo, ese mayor ambiente de modernidad internacional. Y, además, cuestión importante, se incorpora un espacio a modo de gueto, dicho sea sin el menor ánimo peyorativo, para las instalaciones y nuevas tecnologías "Project Rooms" y "Cutting Edge", y así la gente no tropieza con ellas en los "stands" ni se aturde con las imágenes y las voces en "off" mientras contempla las pinturas, todo lo cual a míme parece muy bien.

Una cosa positiva, al margen de lo anterior, es la disminución de las "vacas sagradas" del arte, aunque sigan viéndose piezas de importancia, en beneficio de los nuevos creadores que, sin duda, en este año, por cantidad y nivel, han constituido con su aportación una de las sorpresas/más agradables de la feria. El resultado de todo lo que llevamos comentado ha sido un gran éxito de ventas en el que participan, y de manera espectacular, las galerías asturianas Cornión y Vértice, como ya sucediera el año pasado. No es éste lugar para hacer su balance, pero a uno le gusta que un cuadro de Arias vaya para la Caixa o qué Herminio mande a Carolina del Sur su gran pieza de madera, un mercado, el americano, que le es particularmente propicio. Y mención especial merece desde luego Pelayo Ortega, con siete piezas en la Marlborough, además en lugares de privilegio, y una de ellas adquirida por la Fundación Coca-Cola. Habrá seguramente mucho más, que irá conociéndose por la informaciones.

¿Todo es de color de rosa? Ni mucho menos. El aspecto negativo, como ya el pasado año se indicaba, es el carácter tan efímero de esta euforia. Un resplandor de 7 días en cuyos fuegos se echa el resto para luego tener que convivir con un mercado paupérrimo, y en Asturias sabemos mucho de esto.. Claro que menos da una piedra.

Como siempre, en las fechas de Arco Madrid presentaba una impresionante oferta artística. Casi todo el mundo vio a Dubuffet, Piensa, Rubens, Van Dyck, Velázquez, Louise Borgeois o los surrealistas. Personalmente, después del atracón de la feria me fui a Henri Michaux y tras aquella dosis sus dibujos mescalínicos me hicieron mucho más efecto. Al día siguiente, descansado, vi .la maravillosa, emocionante colección de dibujos Krugier-Poniatowski en la Thyssen y sufrí el mal de Sthendal. Quien pueda, que no se la pierda.