Referencias esenciales


Autor: Ángel Antonio Rodríguez
Publicación: El Comercio 15-10-1998
Cornión hace una apuesta estética con sus pintores más cercanos.
Los nuevos espacios de la librería-galería Cornión hanservido para presentar la muestra Referencias, que incluye a los artistas habituales de la veterana sala junto a otros cercanos a ella o recientemente incorporados. Así, la obra de una generación de pintores asturianos permite analizar esta particular apuesta estética, donde priman el color, la austeridad y la calidad plástica.

Son muchos los años que lleva ya Cornión apostando por una generación de artistas asturianos y presentando, cada temporada, a ciertos autores foráneos de renombre. La actividad de esta galería ha servido para elevar el listón de la plástica contemporánea regional en las dos últimas décadas, a través de un férreo compromiso con la ética creativa y el trabajo diario. Su trayectoria, avalada nacionalmente a través de Arco y con distinciones en divesos terrenos artísticas y literarias, cuenta con el apoyo de casi todo el arte asturiano, lo cual no es nada fácil en un mundo minoritario donde abundan las envidias y las patadas por la espalda.

Una característica primordial en el éxito de Cornión ha sido su autonomía, en una dinámica que, ante todo, es independiente y honesta. Por eso cuenta hoy con una nómina de artistas fieles a sus rincones que están alcanzando el éxito en plena madurez, sin prisas pero sin pausas. En este sentido, las estrellas fugaces no suelen habitar su firmamento.

La exposición colectiva que nos ocupa, además de estrenar un atractivo espacio donde se funden literatura y arte, pone sobre la mesa las principales cartas finiseculares de Cornión, que aúna a sus pintores más consagrados con otros en alza y con algunas apuestas de futuro. Como cualquier otra muestra de tales características, tiene un sentido ecléctico, pero manifiesta ciertas constantes, como el equilibrio figurativo, la austeridad, el color o la pureza matérica, en temáticas metafísicas que también aceptan la abstracción yel lirismo. Un conjunto, pues, uniformado por la pasión hacia la pintura más pura y emotiva, al margen de amaneramientos y afanes decorativo-comerciales.

La mayoría de los trabajos son recientes, aunque hay piezas antiguas elegidas, quizás, a modo de talismán para esta nueva etapa de la sala, como el hermoso cuadro de Pelayo Ortega. En cualquier caso, las obras definen bien la iconografía de sus respectivos creadores; incluso permiten descubrir una importante evolución en Díaz Roiz, Josefina Junco, Humberto, Bartholomé y Camín, cuyos gestuales celajes sólo son posibles desde su oficio de gran pintor.

Vuelve a sorprender el joven Fernando Peláez, que aporta a su íntimo universo nuevas connotaciones naturalistas. A su lado, continúan su evolución Ramón Prendes, Rodolfo Pico, Estrella Sánchez, Miguel Galano y José Arias quien, por cierto, mañana inaugura una prometedora exposición individual en Oporto. La delicadeza textural domina las superficies densas de Ramón Isidoro y de Nuñez Arias, y la fuerza expresiva sigue reinando en los gruesos trazos de Luis Fega.

Inmerso en una aventura retrospectiva donde el mar es su arquetipo, Ramón Rodríguez ofrece aquí una obra fruto de sus últimas series, que servirán mañana para estrenar la renovada galería Amaga, en Avilés.

Completan el grupo Fernando Díaz y un sugerente Andrés Rábago, El Roto, cuya obra hace un guiño al solitario quehacer cotidiano del pintor, al esfuerzo y a la esencialidad que preside la muestra.