Pelayo Ortega: Una figuración más allá de la moda


Autor: Javier Barón
Publicación: La Nueva España 7-05-1984
En los dos últimos años ha sido frecuente el paso a la figuración de pintores hasta entonces considerados como' abstractos. La moda, en la mayoría de los casos, imponía esta derivación hacia un neoexpresionismo sólo asumido en sus características más superficiales.

En Pelayo Ortega la aparición de la figura, en cambio, no ha sorprendido demasiado. Ya las series posteriores a las Pinturas sucias evidenciaban la voluntad de dotar de un contenido a lo que eran mucho más que abstracciones, y los mismos títulos Una forma de morir moderna, En el umbral, o Interiores, así lo manifestaban.

En la segunda de estas series la referencia naturalista estaba presente, indicada por el campo de color que se veía tras el motivo oval central, alusivo a la ventana por la que el pintor se asomaba a la naturaleza. Pero fue especialmente en la última donde esa necesidad representativa se afirmaba con mayor claridad, a través de la aparición de las tres dimensiones en unas perspectivas de corredores y estancias. Paradójicamente, era esta la serie más irreal de cuantas había pintado Pelayo Ortega, y la tridimensionalidad se convertía en un artificio para subrayar esa irrealidad, puesta de manifiesto también por la ausencia de color.

Fueron los Interiores en gris el punto de partida de las nuevas obras, donde el recurso a las tres dimensiones y la voluntad anticolorista, que no es nueva en el pintor, se mantienen. De los interiores emanaba una sensación de soledad y de misterio que se hace ahora más angustiosa y palpable gracias a la introducción de las figuras: una por cada interior, como queriendo mantener la dimensión de soledad propia de sus obras anteriores.

Cada personaje, que el autor caracteriza con el nombre de el hombre nervioso, presenta una morfología que acentúa la,sensación de irrealidad; delgado, filamentoso, encorvado sobre sí mismo, da la impresión de flotar a merced del fluido pictórico en el que está sumergido.

Esta prepotencia del ambiente sobre la figura humana, tan representativa por otro lado de nuestra actual condición, se acentúa en aquellos casos en que la figura se pliega sobre sí misma, adoptando la postura del feto encerrado en la matriz. Y el carácter precario de la existencia de esas figuras queda suficientemente manifiesto en su trazo, blanco, uniforme e inconcreto. Trazo que resalta, además, del fondo de grises, por su color negro intenso o blanco.

Estamos así ante un neoexpresionismo que, a diferencia de las corrientes hoy en boga, no reclama como rasgos distintivos el color hiriente, la acumulación compositiva, la iconografía monstruosa, el trazo quebrado y, agresivo o el empaste directo de la pintura. Lejos de la obviedad casi infantil de corte radicalmente subjetivo, Pelayo Ortega se afirma en el empleo inteligente de los medios pictóricos como única y eficaz manera de huir de los tópicos con que la moda, hoy más que nunca, nos golpea.

Desgraciadamente, ni la inteligencia ni la sinceridad son hoy cualidades excesivamente valoradas en la pintura. Por ello cabe felicitar a la Fundación Museo Evaristo Valle que ha organizado la muestra fiel a su propósito de ofrecer pocas pero muy seleccionadas exposiciones temporales.

(Fundación Museo Evaristo Valle. Plazoleta de Villamanín. Somió. Gijón. Desde el 27 de mayo. Días laborables, de 17 a 21 horas. Festivos, de 11 a 14 horas. Lunes, cerrado.
Librería Cornión. Merced, 45. Gijón. Mes de junio, en horas de comercio. Obra reciente).