Núñez Arias, un abstracto con recuerdos


Autor: Rubén Suárez
Publicación: La Nueva España 21-5-1998
Hay que empezar dejando constancia, para quienes no lo hubieran advertido, de que el título que antecede a estas líneas está tomado de una frase de Paul Klee: «Soy un abstracto con recuerdos», se definía el genial artista suizo para significar una creación que, más allá del puro formalismo, entreteje las vivencias con las líneas y los colores. Las vivencias, los recuerdos, el diálogo entre el motivo, la materia y la memoria subyacen hoy más que nunca en el lenguaje de la abstracción que hasta se ha redefinido como conceptual para expresar la necesidad de trascender al automoatismo del gesto y convertirse en referencia de una personal visión de la realidad.

José Manuel Núñez (Castropol, 1949), en su sugestiva y ya dilatada aventura pictórica, atento a conjugar los contenidos de la materia, las sugerencias de la naturaleza y sus propias emociones, participa de esas claves creativas, de ahí el título, que, con tan ilustres palabras ajenas, puede situarnos con precisión ante el artista y su obra.

Entrando ya en el análisis de la muestra que ahora nos ocupa, hay que poner de manifiesto la interesantísima evolución producida en la obra de Núñez en los dos últimos años, los que van desde la exposición celebrada en Caja de Asturias en 1996, con motivo de haber obtenido el primer premio del Certamen de Luarca, hasta esta de ahora en Cornión o la recientemente celebrada en Cáceres como ganador del Salón de Otoño de Plasencia. Todo un ejemplo de evolución desde el propio estilo y de profundización en la obra.

La pintura de Núñez Arias permanece fiel a lo sustantivo. El motivo, el tema, el paisaje de la roca marina, los acantilados, los estratos geológicos, sus texturas y accidentes, evocados luego con un personal lenguaje no descriptivo sino plásticamente autónomo.

Ese lenguaje ensimismado, pictóricamente concentrado, inundado de silencios, paredes de luz y materia hecha de pigmentos fabricados por él mismo, pariente cercano del informalismo, ese lenguaje, digo, permanece también en sus fundamentos y es reconocible, pero al modo en que puede serlo una persona a la que volvemos a ver pasados los años.

Al mismo tiempo, ¡cuánto camino ha recorrido esta pintura hacia su depuración formal y hacia la intensidad de sus emociones plásticas! la dicción se ha hecho más sutil y la materia se ha despojado en gran parte de su dimensión táctil, abandonando anotaciones puntuales de los accidentes texturales para ser sensibilizada por armónicas modulaciones de color.

La obra se ha hecho con ello más lírica, más poética, sin que la menor presencia de referencias formales de estructura constructiva le haya hecho perder sus connotaciones expresivas con respecto al motivo. Ahora busca, sobre todo en los grandes formatos, -las sensaciones de espacio total más que la lectura orográfica de limitados espacios concretos, destilando la esencia abstracta del paisaje. Más que las rocas, que tampoco fueron otra cosa que inspiración y pretextopara su pintura, Núñez Arias pinta ahora lo que hay en común entre él y las rocas, entre él y el
mar, la costa asturiana de sus orígenes, y recuerdo ahora a Cezanne, que decía pintar lo que de común tenía con los árboles. Eso presta a su obra una mayor transcendencia, un nuevo soplo creativo.