De máscaras, colores y colorados


Autor: Cuca Alonso
Publicación: La Nueva España 12-2-2002
El Carnaval gijonés, tan largo y tradicional, siempre ha mantenido una estrecha relación con la pintura, de tal modo que son muy pocos los maestros que llegadas estas feéhas no han sucumbido a la tentación de plasmar en sus lienzos alguna"de las múltiples escenas multicolores que preceden a la austeridad de la Cuaresma. Incluso se puede llegar a deducir, dada la prodigalidad de algunos pintores en el tema, que quizás éste ha sido utilizado como coartada, si tenemos en cuenta la teoría que define al color como principio de la necesidad del alma. Y llegados a este punto cabe pensar que es difícil saber qué fue antes, si el huevo o la gallina, quiero decir, que hay artistas que. de un modo deliberado se retraen a los grises para no desnudar su espíritu o, por el contrario, otros han de plegarse a la infinita gama de lo neutro como exigencia genérica. Se sabe que el color es riesgo, desvergüenza, incluso inelegancia, así que el Carnaval es la válvula que con toda legitimidad anula la contención o simplemente inspira, de cualquier suerte, dancemos en una orgía de colores, aventurémonos... Y dieron lo mejor de ellos mismos.

La galería Cornión estrenó en la tarde del viernes una gloriosa muestra carnavalesca, dada la notabilidad de las firmas que concurren a' ella. Catorce autores, desde Aurelio Suárez, con ,su "Máscara" y "Cabeza globular" -dos joyas, dos guaches adscritos a ese estilo mordaz e inquietante del maestro-, a su ilustrísima Joaquín Rubio CamÍn. En medio, la genialidad de Pelayo Ortega, cuyo interior poético ha de ser tan hermoso y refulgente que los colores, como los caballos, .han terminado por ceder incondicionalmente a su compáscreativo. Javier del Río.:. "Gijón en fiestes" y "Máscara del banjo", en su línea de sombrío politeísmo, o "Ya no me quedan colores en la paleta", pero da igual, los pintores de Altamira tenían menos, y se quedaron.
"Asómate", me dijo Amador Fernández, precediéndome extramuros de la sala. Antes de encender las luces, un enorme Gijón, sublimado en una dulce intemperie, se recogía en la mítica historia del cerro de Santa Catalina. A plena luz, cambIaba las tonalidades, perOc no la alquimia de ese ser y haber sido que sólo puede expresar la mirada que lo descifra. Con sumo gusto le hubiera concedido tina medalla de oro.
José Arias, "El día después", o sea, Miércoles de Ceniza; atrás quedaba una noche de lujuria prendida en los. anónimos, y el mar venía para borrar sus huellas, en penitencia. Mabel, Josefina Junco, Carmen Castillo, Estrella Sanchez... Un "Arlequín" de Adolfo Bartolomé, otro de Fernando Peláez; una máscara de Ramón Prendes... y los jeroglíficos irónicos de Miguel Mingotes. Otras veces son entrañables, líricos o acusadores, pero es tiempo de Carnaval... "Carta" era un solo naipe, el rey de copas, con el rostro de don Juan Carlos de Borbón; dos interpretaciones, o bien el monarca se disfraza de baraja, o Heraclio Fournier sueña con disfrutar el trono de España.

Magnífica muestra; en la línea de quien la avala. Por cierto, esta semana se inaugura Arco, y Cornión, que era fija en el certamen, vuelve a quedar en casa. ¿Motivos? Las respuestas, en coro, echaban humo. Se ha salvado Vértice, a última hora y por los cables tendidos, dicen, desde las instancias del propio Heraclio Fournier. Pero como no todo el mundo tiene a mano la baraja, la pregunta es obvia: ¿qué han hecho las autoridades locales y regionales en favor de nuestros artistas de vanguardia? ¿ Cómo han procurado promocionar una riqueza cultural que tradicionalmente ha estado en cabeza de cualquier corriente o innovación nacional? Comión y, en su día LA. ilustraron y enriquecieron los espacios de Arco, que, ústedes perdonen, algunas veces falta les hacía. Las firmas que Asturias exhibió ahí están, y a ver cuántas, de las foráneas, se han perdido en la noche de los tiempos.

El Carnaval es lo que tiene, saca a la calle el color del arte y también los colores a quienes lo ignoran o desprecian.