La ilimitada geografía de Pelayo Ortega


Autor: Eduardo Galguera
Publicación: La Voz de asturias 23-12-1993
Resulta difícil explicar por qué extraña razón sólo los mejores artistas -y los mejores individuos - quedan atrapados por el encanto de ciertas ciudades. Algo así le ocurre a Pelayo Ortega, que de Mieres a Madrid y de Gijón a Lisboa nos sumerge en la geografía ilimitada de su pintura.

La Galería Comión de la capital gijonesa acoge nuevamente -tras un paréntesis de dos años una muestra de este exquisito creador mierense, para quien pintar sigue siendo la mayor necesidad espiritual y el mejor modo de luchar por una sociedad más dichosa.

Las referencias artísticas de este pintor son muy variadas. Pero, en esencia, los faros que han servido de guía para orientar sus naves en este incierto mar llamado creatividad tienen nombre propio. Inicialmente, Piñole y Valle. En un ámbito más universal, Velázquez, Goya y otros clásicos españoles. Y luego, de una manera irremediable, Picasso, Mondrian, Paul Klee y Torres García.

La muestra que hasta mediados de enero puede verse en Cornión esta integrada por 11 lienzos de formato medio y grande, con un fuerte dominio de los colores en su estado más puro. Sin recargar el lienzo de materia. Sólo lo preciso, lo imprescindible para contar lo que trata de contar. Como una fuerte pincelada de niño grande que no quiere crecer, porque no es necesario. La inocencia es para el pintor una buena causa por la que luchar. Y sus cuadros subrayan este sincero sentimiento. Sólo hay que mirarlos.

Son obras resolutivas y esenciales en su ejecución. Uno de los lienzos de la muestra que Pelayo Ortega destaca de manera notable es aquél que el artista asturiano realiza como homenaje al creador holandés Piet Mondrian.

Tras 15 años en Madrid, Ortega afirma que le resultaría muy dificil volver a vivir fuera de Asturias. Y no porque Madrid constituya una etapa negativa en su obra -todo lo contrario-, sino porque considera, como muchos, que se trata de una ciudad que termina devorando a sus hijos.

Sin embargo, Madrid fue origen y cuna de muchas obras que Pelayo Ortega agrupó en una colección que, con ayuda de su gran amigo y crítico Juan Manuel Bonet, tituló sabiamente La Provincia. La muestra se colgó finalmente en el Museo de Teruel, en el verano de 1992, y constituye el puente de unión que lo conduce de nuevo hasta Asturias.

Después de dos años de ausencia en las galerías del Principado, Pelayo Ortega, uno de los creadores de más peso en el panorama de las artes plásticas asturianas actuales, vuelve a exponer en Gijón, una ciudad que adora en su conjunto, porque asegura que es una de las ciudades más populares del mundo, portuaria, abierta y acogedora como pocas. Y este signo de identidad, más allá de extrañas geografias y rancios provincianismos, impregna sus lienzos de un aroma singular que trasciende lo puramente creativo.