Menos es más


Autor: Eladio Martín
Publicación: El Comercio 30-10-1999
Representantes de la cultura asturiana, artistas, especialistas y amigos coincidieron ayer en la galería Cornión para descubrir la obra reciente de Joaquín Rubio Camín (Gijón, 1929), cuyos trabajos continúan buscando la máxima expresión con los mínimos elementos.

La exposición de Camín está compuesta por varios relieves en acero cortén y por papeles que, bajo el título Hacia el infinito, ofrecen la esencialidad plástica de un autor capaz de equilibrar su compromiso con el arte y con la frescura creativa. La muestra enseña los últimos trabajos del escultor, Tuyas piezas tienen amplia proyección internacional desde hace décadas, con galardones tan prestigiosos como el Gran Premio Nacional de Escultura o con la doble participación en la Bienal de Venecia. Ahora, Camín ha hallado nuevas vías interpretativas, desde esa constante búsqueda de la pureza que viene caracterizando sus cuarenta inviernos en el mundo de la escultura.

En la inauguración coincidieron numerosas personalidades de la vida artística y cultural asturiana, como, por ejemplo, Pelayo Ortega, Ramón Prendes, Antonio Suárez, José Arias, Guillermo Basagoiti y Juan José Plans.

Todos coincidieron en señalar la depuración alcanzada por Camín, profesional donde los haya, amante de la cultura en todos sus ámbitos de expresión y tan amigo de sus amigos que ha renunciado a mayores éxitos por mantenerse cerca de su gente.
No en vano, eligió hace treinta años Valdedios para vivir con Carmen, su mujer, prescindiendo de las posibilidades que le estaba brindando su carrera en Madrid, y siguió creando con garantías desde su intimidad asturiana.

Hace dos años, Camín exhibió en la misma galería sus pinturas, relacionadas claramente con las esculturas que las precedían. Esas coincidencias responden al lenguaje global de un autor que sabe traducir también sus ideas al medio arquitectónico. Por eso, esta exposición continúa su interminable tránsito hacia la naturaleza intrínseca de las cosas, expresándose con una asombrosa economía de medios. Como señala en el catálogo de la muestra el critico de arte de este periódico, Ángel Antonio Rodríguez, "aquí tenemos la ocasión de contemplar los recientes relieves en acero y papel de Camín, tan expresivos y sintéticos como sorprendentes, en planteamientos espaciales casi pictóricos, relacionados con los hitos de su carrera y, por tanto, en comunión con la riqueza de su pasado. Y es que la impronta enérgica de este artista ni se crea ni se destruye, sólo se transforma desde el respeto a la materia".

Como un recién nacido

La exposición que Camín presenta en Cornión es más que una nueva muestra individual del artista gijonés porque; sin pretensiones retrospectivas, resume de algún modo sus cuarenta años de experiencias escultóricas. No porque el contenido estético o los arquetipos sean iguales que antaño, sino porque estas piezas constituyen la síntesis más bella de esa pureza que Camín venía anunciando desde sus comienzos. Hacia el infinito, caminando hacia todos lados, buscando lo máximo con lo mínimo... Camín encuentra lo esencial de la materia y las formas, tratando de transmitido en cada tareas que aborda con garantías absolutas de profesionalidad.

Si hay algo más gratificante que contemplar obras de arte, es convivir con los artistas verdaderos. Hay pocos tan sinceros y' nobles como Camín y, por supuesto, hay menos aún que sepan hacer bien su trabajo sin caer en la estridencia.
Camín estudia diariamente la historia, pero responde también a las llamadas de la época. que vive.

Así, admira a Tintoretto, Miguel Ángel, Goya, Velázquez, Zurbarán o Morandi, pero también a Oteiza, Chillida o Richard Serra; respeta a los veteranos con clase, pero defiende con fuerza a los noveles que demuestran iniciativa.