La alegoría como estímulo


Autor: Ángel Antonio Rodríguez
Publicación: El Comercio 5-5-02
Desde 1976, José Paredes (San Claudio -Oviedo-, 1949) ha venido exponiendo en las salas y los museos asturianos, bajo una huella pictórica que fluye en los límites del neosurrealismo. Ahora, la galería Cornión acoge sus últimos trabajos, que mantienen esa particular impronta, de masas filiformes y abigarradas, homenajeando a la historia del arte mediante naturalezas muertas.

En la órbita creativa asturiana de los años setenta surgieron varios autores, ligados a aventuras neofigurativas, que asumían ciertos componentes oníricos en sus juegos pictóricos. La mayoría conjugaban eficazmente los ingredientes expresionistas y surrealistas, con algunos recursos conceptuales, pero muy pocos lograron mantener ese difícil equilibrio entre la cotidianeidad, el compromiso y la propia evolución, manifestando una impronta propia.

En este sentido, uno de los pintores más interesantes de esa generación es José Paredes, cuyo quehacer se presentó individualmente en la galería Tassili, en 1976. Ya entonces, esa magia surrealista impregnaba cada uno de sus cuadros, primero con abundancia de figuras anónimas y luego con paisajes industriales, que entroncaban con el legado de René Magritte y de Max Ernst, entre otros. Sin embargo, como señalaba en 1996 Rubén Suárez, las pinturas de Paredes tienen poco que ver con las metodologías automáticas del surrealismo al uso. «Es pintura racional y pensada como metáfora del hombre y las poderosas fuerzas que le rodean», escribía entonces el crítico ovetense.

Así, masas filiformes, objetualidades, ambigüedades y reflexión priman en las actuales apuestas plásticas del pintor, sobrado de recursos técnicos. En esta ocasión, cada naturaleza muerta es una excusa temática para homenajear distintos instantes históricos, reinterpretando algunas iconografías clásicas, como la Última Cena o el Calvario, y aprovechando también otros hallazgos del siglo XX. Surgen entonces los dalinianos objetos blandos, o los registros metafísicos, o los guiños a un poético encuentro entre lectura y pintura. En cualquier caso, Paredes se enfrenta aquí a un proceso de investigación eficaz, pese a ese abigarramiento que inunda cada tabla o papel que, en ciertas ocasiones, dificulta la contemplación. El empleo de perspectivas, los contrastes lumínicos, el dibujo certero y las combinaciones geométricas continúan acompañándole en este largo y dificil viaje, con la alegoría como estímulo.