El Gijón de Javier del Río


Autor: J.C.GEA
Publicación: La Nueva España 25-1-2001
Tiene bien acreditado Javier del Río (Gijón, 1952) ser artista de amplio número de registros, tanto en el manejo de técnicas y materiales, en escultura, pintura, grabado o cerámica, como en el planteamiento de poéticas plásticas. Ciñéndonos a la pintura, bien podemos recordar ahora su exposición de 1996,también en Cornión: un universo imaginario muy característico, inventados paisajes sumergidos en una misteriosa atmósfera orquestada en nocturnos azules y estructurados en arquitecturas urbanas habitadas por formas medio humanas o inquietantes signos biomórficos. Componía escenografías entre el latente misterio de la pintura metafísic, de De Chirico y la ingenua surrealidad mironiana, sin contar ahora el grotesco expresionismo de sus cuadros de figura

Del Río vuelve a hacer gala de su rica versatilidad porque es indudable que sus Pintures de Gijón son de bien distinta traza formal y de especie entrañable en vez de inquietante. El gusto por lo escenográfico permanece, y también ese punto de misterio que las escenificaciones siempre tienen cuando están deshabitadas, aunque ahora sobre el espacio metafísico se impone la intimidad y seducción más propio de un interior matissiano. Al cambiar la clave del concepto cambia la técnica empleada, barras de óleo que producen la ágil ligereza y la alegre plasticidad de las ceras junto a su consistencia. Vemos rincones de Gijón sintetizados por el arabesco eficaz y espontáneo del dibujo que estructura las cosas y enriquecidos por la seducción del color. Reconocemos el perfil de un edificio, el árbol, la palmera o el mar, elementos que el pintor necesita para darnos referencia de realidad, pero luego suma una perspectiva personal que es del amor y de la memoria sobre las cosas muy vistas, y vividas y sentidas. Nos hace partícipes de ese Gijón suyo, nos familiariza con él con grafía alegre y confiada, con pintura llena de gracia que, estando en lo iconográfico y en la clave expresiva cercana a Pelayo Ortega, mantiene, sin embargo, una muy personal y gratísima manera: Y el catálogo lleva breverías de Miguel Mingotes, lo cual siempre es de agradecer.