Memoria frente a realidad


Autor: Paché Merayo
Publicación: El Comercio 17-1-2001
Del Río, el escultor de los aceros enredados, el pintor de los azules. interiores, planta en sus últimos óleos la realidad ante el espejo de la memoria y mezcla en su renovada paleta los rincones. de Gijón que se han clavado en sus recuerdos.

Dice Javier del Río que la edad le ha dado otra perspectiva de la vida desde la que puede asegurar "con otra serenidad" que "detrás de lo que vemos no hay nada" y advertir "a estas alturas de la vida, que está superada esa búsqueda de lo que hafal otro lado y ya no hay necesidad de inventar". Esas dos reflexiones, unidas a una influencia confesa y orgullosa de Pelayo Ortega sobre su pintura, dan a la obra de Del Río una nueva visión más abierta y vital, que se llena de color y no pierde un ápice de intimidad.

El Gijón que ofrece el pintor-escultor estos días en la galena Cornión es una ciudad que se mira en el espejo de la memoria y se encuentra con la realidad, sólo allí donde los recuerdos lo permiten. Los recuerdos, claro, de Del Río, que entremezcla en Pintures de Gijón ,su capacidad creativa con las imágenes que por sentimiento, belleza o contundencia arquitectónica se quedaron un día prendidas para siempre en su mirada.

Es, por tanto, su exposición gijonesa un catálogo de esencias de ciudad, que cuenta, además; con un aderezo textual, firmado por Miguel Mingotes, que redondea cada pintura en un universo propio.

Así, por ejemplo, la tela que recrea los Jardines de la Reina, hace parejá perfecta con Una breve mirada poética a los estorninos, que son, dice Mingotes, "unos pájaros juntos que viven en los árboles el invierno por la tarde".

Pintures de Gijón es fruto de un encargo, a partir del que salieron cincuenta rincones de ciudad, creados en absoluta libertad, pese a partir de una voluntad ajena y es que, como explica Del Río, "cuando el encargo es como éste, que lo que se pide es una serie y no se dan directrices de cómo realizarla, trabajar es un placer".

Único e irrepetible.

Lo que el pintor ya no lleva tan bien, confiesa este reconocido creador, "es que pretendan someterte a una manera determinada de hacer las cosas o, lo que suele suceder a menudo, que a alguien le gusta un cuadro tuyo y pida que hagas otro parecido. Eso es algo sin sentido. ParticularmerIte, no puedo hacerlo ni queriendo, porque me parece estúpido repetir. Lo paso muy mal".

La exposición, que puede ser visitada hasta el 12 de febrero, tiene otra característica que Del Río quiere destacar y no es otra que la calidad de los materiales, "que no es ninguna "tontería. He utilizado los mejores colores, y se nota. La calidad del trabajo no puede quedar mermada por unos materiales mediocres", puntualiza.