Mabel en su laberinto


Autor: Angel Antonio Rodríguez
Publicación: Diario El Comercio 22-Junio-2000
La primera sensación que proyectan las pinturas de Mabel Álvarez Lavandera (Gijón, 1951) colgadas estos días en la galería Cornión, de Gijón, es que estamos ante una autora que conoce a la perfección su oficio. No en vano, esta febril creadora pertenece a una generación artística que está en constante deuda con la pureza plástica.

Después podemos apreciar cómo Mabel afronta sus procesos creativos con destreza y sinceridad, insistiendo una y otra vez en intensos diálogos con los jugosos materiales empleados. El color, sin embargo, es el principal protagonista de esta exposición, desordenadamente ordenada para expresar vivencias íntimas a través de abigarradas soluciones formales.

El contenido temático de las piezas es un mero pretexto compositivo. No en vano, la pintora ha titulado esta serie Papeles del desorden, y así nombra a casi todas las piezas elegidas. Su objetivo, por tanto, es comunicar un sufrimiento o un divertimento que ha vivido en su propio taller, tras muchas horas de trabajo. Podría parecer entonces que estamos ante una metodología física peculiarmente concebida, que discute con cada centímetro de soporte y traduce sus delicadas sensaciones. Quizás por eso, Luis Antonio Ávarez Alías escribe en uno de los párrafos del catálogo editado por Cornión que Mabel “a veces, terminado el cuadro, arranca los contornos de las figuras y entonces se le desparraman formas y colores en torrentera”.

La témpera y el cartón son los compañeros del viaje en estos laberintos de Mabel, que se resiste a dejar vacíos sobre los fondos e inunda de entusiasmo sus resultados. Gamas ocres, desgarros de ritmos cotidianos, formas entremezcladas, sienas cálidos y negros muy sólidos le valen para compensar el equilibrio final, actuando al dictado de un espíritu voluntariamente reflexivo. Hay cierto expresionismo en esta actitud, y una brisa-homenaje al pop, que aquí huye del amaneramiento. Las naturalezas muertas de Mabel están tremendamente vivas, aunque el conjunto resulte algo monótono. Pero no cabe duda, insisto, de que esta pintura es pura pintura, y no otras cosa artificiosamente producidas.