"Día de fiesta" o el arte de pensar


Autor: Cuca Alonso
Publicación: La Nueva España 20-11-2000
Andrés Rábago expone en la galería Cornión bajo el título "Día de fiesta"; él sabrá, me dije, a no ser que sea una sátira. Dieciocho cuadros, todos elaborados en óleo sobre lienzo, ofrecen un auténtico gozo al simple espectador; así que no digamos nada de ese afortunado -nunca sabemos quién es- que ordena colocar al borde de la moldura de su soberano antojo un botoncito verde. Y así, verde que te quiero verde, era el pequeño catálogo que llegó a mis manos antes de la inauguración. Una breve ojeada a las nueve reproducciones y al texto, escrito por el pintor, me hizo aspirar ese aroma inconfundible de lo bueno, tan evidente como un calado en pernil de pata negra.

No compareció el artista en el acto inaugural, lástima, nos hubiera gustado ver la mirada de un hombre que sabe lo que piensa y lo que pinta, o quizás aún mejor, piensa a conciencia lo que pinta, aunque el vacío de su ausencia fue suplido ampliamente por algunas de las más altas personalidades del mundo artístico de este país; verbi gratia, Joaquín Rubio Camín... No sé qué ocurre últimamente con su ilustrísima, pero he de referirme a él un día sí y otro también, y lo que resta, aunque encantada de la vida. Y Pelayo Ortega, tan eminente dentro de su inalterable sencillez; Ramón Prendes, José Arias...

"Día de fiesta" respondía a título y fachada; una especie de sarcasmo para atrapar a los ciegos, ¡ah!, ¿eso ves?, pues anda con Dios, bendito. Niños, juguetes, pájaros, ocio y diversión; todo ello muy bien definido, colocado en su lugar exacto, y teñido del color de su leal-entender, pero en realidad el conjunto responde a una inteligente ratonera y, una vez descubierto su mecanismo, la intención queda expuesta con total elocuencia. El propio Andrés Rábago escribe en su manual esmeralda: "Nunca he sentido la tentación de representar lo que esta ahí. Por el contrario, lo que no está ejerce sobre mí una poderosa atracción". En efecto, sus pinceles no han dibujado la guerra, pero hay un diseño que ha trascendido más allá, hasta acercamos a la terrible dureza del espíritu bélico. Miseria, represión, acoso, encierro y amenaza... Podríamos contar las tragedias más crueles esta noche, después de despojadas de su sutil envoltura de inocencia.

Los colores son casi planos, sólo de vez en cuando se alteran con una leve matización; las luces no emanan de ningún punto, están latentes en el propio objeto o sujeto. El perro privado de libertad, por ejemplo, marca su sombra en el suelo, añadiendo tinieblas a las tinieblas, mientras los pájaros lo sobrevuelan. Son aves pequeñas, rígidas y aceradas; si aguzáramos el oído incluso se podría escuchar el zumbido inconfundible de su motor supersónico. Una langosta o saltamontes de madera verde y azul, acaso un simple cachivache de los que ocupan el cuarto de los juguetes se mantiene quieto, con las patas traseras tlexionadas, frente a un pequeño túmulo. Confieso que llegué a sentir escalofríos al prever el atroz resultado del despliegue de sus articulaciones.

Las mujeres forman parte del mundo expresivo de Andrés Rábago. Son jóvenes, parecen desentendidas de cualquier asechanza social o doméstica, pero una vez más, el cepo está servido. Una niña juega a la rayuela, lo que nosotros llamábamos "cascayu", sobre un suelo limpio e inofensivo, todo a su alrededor permanece en orden, pero sabemos que el pederasta está ahí. ¿Y tú cómo'lo has adivinado?, puede que quisiera preguntar Andrés Rábago. Milagros de esa luz sobrenatural a la que el propio artista hace referencia.

Andrés Rábago, nacido en Santander, actualmente compone las viñetas del diario "El País". -Su condición de extraordinario dibujante está avalada por la experiencia de su firma, OPS, en las revistas "Hermano Lobo", "Triunfo", El Roto... Como pintor es la segunda vez que expone en la galería Cornión.