La soledad como arquetipo


Autor: Ángel Antonio Rodríguez
Publicación: El Comercio 25-3-1999
En sus últimas obras, Ramón Prendes apuesta por la austeridad

En los últimos años Ramón Prendes (Gijón, 1950) está proyectando su apuesta pictórica hacia la síntesis formal y temática. Desde calidades y ritmos casi metafísicos, el artista define en estas obras recientes sus principales registros plásticos.

Hace cinco años, durante su exposición en el Museo Evaristo Valle, los cuadros de Ramón Prendes plasmaban un universo peculiar, poblado de figuras, chimeneas, petroglífos, malecones y seres mitológicos, soñados en la Ría de Arosa, que habitaban texturas azules y enredos temáticos muy complejos, capaces de atraer a las miradas ávidas de pintura-pintura, materia y luz.

Aquellas series, con posteriores muestras en la Casa de Cultura de Avilés, en Cajastur y en Arco permitieron conocer mejor un trabajo que se había gestado durante más de tres décadas de experiencia, al tiempo que confirmaban la mirada solitaria del autor, declarado admirador de Chagall y de Chirico pero movido por un impulso creativo tremendamente íntimo. Después, sin desviarse de esas apuestas
personales, Prendes fue depurando su paleta y prescindiendo de elementos, tratando de evitar el enmascaramiento compositivo, hasta llegar a la obra actual, donde apenas existe la figuración y sólo algunas formas arquitectónicas emergen sobre paisajes fantásticos, no exentos de guiños literarios, cuyo objetivo primordial es el acto fisico de pintar y el diálogo del creador con el color.

La complicidad posterior con el público responde, sobre todo, a esa facilidad cromática de Prendes y a su tendencia actual a resolver enigmas sin demasiados
barroquismos. Así, el rasgado y la ausencia de bocetos convierten cada sesión de sus trabajos de taller en aventuras intrigantes, donde los trazos desvelan, centímetro a centímetro, una insistencia obsesiva por las calidades que, como señala Martín Sevilla en el catálogo, «superan la posíble referencia paisajística del entorno vital del autor».

En esta ocasión abundan los pequeños formatos, que guardan todos los registros de Prendes. Curiosamente, sus títulos se han sintetizado tanto como el contenido de sus cuadros. Así, si antes eran frases enteras extraídas de textos literarios, con alusiones muy frecuentes a Joyce o Beckett, ahora son simples definiciones formales como Dos caminos, Casa verde o Túnel. Sin embargo, las pigmentaciones y la intuición, obsesiones básicas de Prendes, se brindan con más detalles que nunca, en exquisitas tonalidades depuradas una y mil veces a golpe de espátula.

El principal arquetipo del conjunto expuesto en Cornión, al margen de los elementos verticales, sigue siendo la soledad. El protagonista de la piezas ya no está sobre el lienzo, sino fuera de él. Somos nosotros, espectadores en silencio, quienes actuamos como ciudadanos de esos parajes callados, universos fantásticos de raíces plásticas tan puras.