El color del horizonte


Autor: Paché Merayo
Publicación: El Comercio 12-3-2006
Ramón Prendes vuelve a las paredes de Cornión con una exposición de su obra más reciente, después de conquistar el mercado en Arco 99.

El tiempo le ha dado la razón, la luz, el color, el horizonte y el verbo. Atrás quedaron los días en que Ramón Prendes quería dialogar sólo con las manos y dejaba las palabras para otros. Hoy, el discurso de su paleta, la fuerza de su espátula, tienen en su voz un aliado que permanecía escondido bajo la capa de una intención tan explícita como cierta. «Es la pintura la que debe hablar y no yo», decía antes y piensa ahora, mientras conceptualiza la obra que hoy presenta en la galería Cornión, después de haber triunfado en la última edición de Arco.

Y en ese concepto está, dice Prendes, «la soledad del individuo», y está pese a la primera impresión de exultante alegría que provoca su gusto por el color. Explica Ramón Prendes que no hay que dejarse llevar por el brillo de los rojos, azules y verdes, «que no creo sean sinónimo de optimismo», que hay que buscar en el horizonte de sus cuadros.

«Me gusta el color desde siempre. Recuerdo cuando era pequeño e iba a un museo y lo único que me atraían eran los cuadros que destacaban por sus colores. Si una obra era gris, oscura, no le prestaba atención, aunque fuera excelente», comenta el pintor que, además de aclarar su paleta, está limpiando también el lienzo. «Busco evitar los elementos más superficiales, huir de la tendencia barroca que, a veces, nos persigue y ser lo más claro posible, lo más depurado que me permita mi manera de pintar», explica.

En la exposición gijonesa, alimentada belleza y rotundidad, Prendes, además, juega. Juega con el espectador y juega con su capacidad para crear realidad, a partir de los sueños, «soñados, a partir de la acumulación de imágenes, momentos y experiencias reales».

Y en ese último juego pictórico consigue que iguales elementos ofrezcan perspectivas diferentes, unas veces, y que las telas alcancen sentido individualmente y en conjunto, otras. Tal es así que tres de sus cuadros logran el título de tríptico, cuando son tres piezas diferenciadas y separadas.

En este sentido, explica Prendes, «he creado una serie que responde a la combinación de dos elementos con la línea del horizonte» (caso de la colección de lienzos de más pequeño formato de la exposición).

«También he pretendido ofrecer diferentes puntos de vista de un mismo esquema, como que presenta una playa, observada desde una duna en la que alguien ha dejado un hito» añade el creador penetrando sutilmente en uno de los temas fundamentales de su obra, el alguien que estuvo y no está.

La arena, el mar, la casa, el horizonte, siempre el horizonte son los elementos imprescindibles del trabajo de Prendes entre ellos nunca o casi nunca hay personas, aunque sí sus huellas.

«En mis cuadros no hay gentes, pero están las señales que dejaron al pasar. Si hay un camino, un faro o un hito es que hubo una persona que lo construyó, una persona que dejó sus huellas».