Narraciones pintadas


Autor: Angel Antonio Rodríguez
Publicación: Diario El Comercio 25-Mayo-2000
El pintor Fernando Peláez evoluciona desde la austeridad y la delicadeza.
Con su segunda exposición individual en la galería Cornión, titulada El papel del papel, Fernando Peláez (Gijón, 1965) sigue reivindicando su particular búsqueda de calidades plásticas, que asume bajo tiernas lecturas temáticas. Tras el éxito obtenido en las dos últimas ediciones de Arco, el artista introduce ahora nuevas tipografías industriales en sus texturas, desarrollando un sugerente diálogo entre palabras y materia.

Entre otras cosas, Fernando Peláez tiene tres virtudes que pueden hacerle triunfar en el difícil terreno de la creación artística actual. En este sentido, el artista es una apuesta que el director de Cornión, Amador Fernández, ha sabido detectar nuevamente a tiempo y sin estridencias. Así, Fernando Peláez cuenta con una capacidad de trabajo que le enfrenta durante horas a la soledad del taller, tratando de avanzar y siendo muy exigente consigo mismo. Aunque le gusta añadir mensajes en los cuadros, defiende la calidad pictórica del resultado lejos de las retóricas conceptuales. Además, el pintor respeta la historia pasada y los momentos presentes estudiando otras trayectorias que pueden aportar interesantes ideas a su futuro.

No es fácil que un autor mantenga firmes esas premisas, y menos aún si las cosas le funcionan bien en el ámbito comercial. Pero Fernando Peláez, en esta muestra, se ha atrevido a dar una vuelta de tuerca a sus productivos registros de estos últimos años, sin abandonar su iconografía y su técnica personal, para incluir novedades y plantear algún riesgo comparativo.

Los cuadros colgados en Cornión mantienen vivo su habitual equilibrio entre austeridad y delicadeza, que se brinda en texturas muy cuidadas. Barnices, betún de judea, pigmentos y largos títulos, de luces metafísicas, le sirven como pretexto para compensar color y materia plasmando sus fantásticos paisajes, que ilustra con flores, casas, árboles, colinas, soles y seres diminutos manteniendo un ágil debate entre el tiempo y el espacio. Valorando El papel del papel empleado como soporte, el autor pinta a menudo por detrás, empapándose de gestos y manchas certeras.

En sus nuevos trabajos abundan también las tipografías industriales, recuperadas de una empresa familiar, que ya había usado esporádicamente antes y aquí adquieren mayor protagonismo. Letras y figuras le sirven como base formal, valiéndose de recursos compositivos habituales del diseño gráfico, y de sinceros homenajes a la literatura, la filosofía y la historia de la pintura, donde se atreve incluso a plantear miradas intimistas, como el famoso perro goyesco, que en las narraciones pintadas por Fernando Peláez resulta eficazmente compungido. La exposición, por tanto, plantea coherencias pictóricas que debemos valorar a largo plazo, y sirve para contemplar los progresos de uno de los autores más válidos de la pintura asturiana contemporánea.