Pintor que escribe, escritor que pinta.


Autor: J.C.GEA
Publicación: La Nueva España 16-5-2000
La exposición de Fernando Peláez inaugurada ayer en Cornión da testimonio del interés confeso del artista gijonés por la búsqueda, la experimentación y la fidelidad a un formato como el papel, que normalmente no goza de tanto interés de los pintores como el lienzo o la tabla. En pos de "la máxima sugerencia", afirma Peláez, el artista combina la disciplina técnica y el uso de procedimientos que en muchos casos él mismo ha investigado directamente, y del azar que "muchas veces son los propios materiales y el papel los que imponen". "El papel del papel" permanecerá en la galería gijonesa hasta el próximo 14 de junio. En la fotografía, Fernando Peláez, junto a varias de sus obras en un rincón de Cornión.

Hasta hace unos años, mayo era el mes de María, el mes de las flores, el de los brotes tiernos del IRPF, el de la remoción hormonal a escala masiva y el mes en que asistíamos, año tras año, a los no explicados fenómenos del bañador menguante y la curva creciente. De un tiempo a esta parte, al menos en esta villa, mayo se ha añadido el título de mes de la literatura. Entre la Feria del Libro, que recién ha anudado los faldones de la carpa de Tomás y Valiente; el Salón de Libro Iberoamericano, que los desanudará el 23, y la Feria del Llibru y el Discu n' Asturianu, que apenas dará tiempo a cambiar los cajones de libros iberoamericanos por los de libros astures, la letra impresa manda en la ciudad más que la misma alcaldesa (si las ventas de los libreros en la Feria no hubiesen descendido respecto a 1999, el panorama sería ya edénico; pero no).

Tanto manda la literatura en el mayo gijonés, que hasta los pintores echan mano de papel, letras y literaturas. No es metáfora. Es, valga la redundancia, literal. En la exposición que ayer inauguró Fernando Peláez en Cornión, la letra impresa, el papel en que se imprime y las referencias literarias importan tanto como el color, las formas o la plasticidad.

"El papel del papel" es, de hecho, el juguetón título de una muestra en la que el joven artista gijonés expone con calma lo que, a modo de muestra, se pudo ver en la colectiva de artistas que Amador Fernández llevó el pasado febrero a Arco. Fernando Peláez iba en el "pack" junto a otros clásicos de la sala. Entre ellos, Ramón Prendes y Joaquín Rubio Camín, que respaldaron ayer a su compañero de sala en la inauguración.

Fernando Peláez lleva cinco o seis años trabajándose el papel casi en exclusiva. No le arredra que "sea tenido por la mayor parte de la gente como un soporte menor" porque -asegura- él lo encara "con el mismo respeto con que lo haría con el lienzo o con la tabla". Ese respeto no significa que el artista no le dé caña al soporte: lo trata con barnices, ceras, betunes de Judea; le aplica óleos, guaches, acrílicos; lo ataca por el haz y por el envés y, finalmente, le implanta los tipos que rescató de la empresa del abuelo, la centenaria Imprenta Palacios.

"Desde hace tres años utilizo los tipos que encontré allí. Hay piezas para xilografía que son verdaderas maravillas y otras más convencionales, de plomo. También empleo figuras, tipos con motivos determinados", explica Peláez. Con todo ese utillaje, el pintor consigue efectos muy variados: construye figuras repitiendo tipos, consigue texturas por superposición de letras y -era inevitable- también compone algunas palabras que se integran al tiempo como conceptos y como figuras en sus cuadros. De ahí al caligrama o la poesía visual hay sólo un paso, que Fernando Peláez no quiere dar "porque, aunque soy un lector compulsivo, no me atrevería a hacer nada como escritor.

El idioma no importa. La obra de Peláez es plenamente poética y literaria, como si parte de lo que Amador Femández almacena y vende en la planta baja de Cornión se hubiese filtrado al sótano y hubiese calado en los cuadros