Más madera


Autor: Angel Antonio Rodríguez
Publicación: Diario El Comercio 28-Abril.-2000
La obra reciente de Pablo Maojo funde intuición, fuerza y delicadeza

Las esculturas y los colages del asturiano Pablo Maojo (San Pedro de Ambás, 1961) han madurado firmemente, tras una huella personal que le incluye entre los mejores artistas del panorama español actual. Merece la pena contemplar en la galería gijonesa Cornión sus trabajos recientes, más coloristas que antaño.

Genio y figura, Pablo Maojo sorprende en cada nueva exposición, retomando sus habituales maneras plásticas y reinterpretándolas de un modo contundente, mediante volúmenes e imágenes fruto de una iconografía tremendamente genuina. Analizar sus piezas de madera o sus colages de papel requiere un ánimo alegre y detallista, capaz de recorrer las vetas y los cortes poco a poco, deteniéndose en ellas y penetrando sus entrañas, siempre vivas.

El atractivo montaje realizado en Cornión hace percibir un discurso variado, que fluye del árbol al papel y del papel al árbol, en íntimos diálogos. Las esculturas continúan naciendo a golpe de gubia y de motosierra, en ritmos angulares y duros que, sin embargo, se suavizan con leves toques de pintura, aplicados dinámicamente sobre la estructura resultante. Los sempiternos rojos maojos, junto a gamas azules, negras y amarillas, destacan las perspectivas e invitan al espectador a acercarse a cada centímetro de madera, donde conviven ojos, nubes, árboles, casas y otros signos característicos, que describen historias personales y poéticas vivencias expresadas, incluso, con palabras. Esa es otra de las virtudes de Maojo, cuya fidelidad a la tierra, la casa o los amigos convierte a su obra en un diario de imágenes, que se sintetizan en la superficie más o menos desnuda. El autor ocupa y desocupa las formas geométricas, escuchando los consejos de la materia para ofrecer intervenciones austeras pero, además, regadas con matices inagotables. Así, uno puede perderse entre huecos y relieves que aún conservan todo su aroma natural.

En esta ocasión, cinco piezas de suelo y ocho de pared, en nogal, roble y eucalipto, se transmutan en los rincones de la galería con títulos tan sugerentes como Pleistozoica, 5 gri o Bahía, mientras otras atractivas composiciones, de cortes muy simétricos y armonías casi musicales, expresan los sonidos imaginados de la brisa al atravesarlas, rematándose con nombres como Musical o Aire, en plena ironía y absoluta ternura.

Intuición, fuerza y delicadeza son, a mi juicio, las armas de Maojo en su afán constante por descubrir nuevas sensaciones, que se extiende también a los colages, ductiles, dotados de autonomía propia y alejados de cualquier artificio. Cinco papeles, con iconografías parecidas a las que florecen en las maderas, sirven aquí para pat entar la espontaneidad creativa de Maojo, ligado a su metodología y, por fortuna, también a sus orígenes, donde es capaz de romper moldes desde un aislamiento voluntario, sincero y eficaz.