Más allá del cuerpo


Autor: Angel Antonio Rodríguez
Publicación: Diario El Comercio 1-Marzo 2001
La galería gijonesa Cornión presenta, hasta el 21 de marzo, una muestra individual de José María Navascués, con esculturas, relieves y dibujos que componen una magnífica retrospectiva del malogrado artista asturiano, fallecido repentinamente en 1979. La exposición permite analizar sus peculiares maneras creativas, su complejo discurso temático y su versatilidad técnica, descubriendo piezas inéditas que merece la pena contemplar.

Esta muestra, organizada con fondos de la desaparecida sala Tantra, se brinda como el mejor conjunto sobre Navascués que puede ofrecer actualmente una galería privada, habida cuenta la calidad y variedad de la obra expuesta. No en vano, es muy difícil ver en un único espacio ejemplos de los distintos campos que abarcó este enigmático artista. Varios trabajos de sus Cascos y de su serie Madera+color, dibujos e, incluso, una cuna, describen todas las variantes del autor, dejando también sitio para patentar su potencia artesanal, siempre sorprendente.

Pepa Pardo, una de las personas que más énfasis está poniendo en interpretar las verdades de Navascués, subraya en los textos del catálogo de Cornión que en la década de los setenta se construyó el universo simbólico de este artista genial y, en cierto modo, se gestaron los síntomas de su tragedia vital. La historiadora aborda la estética y la mística para debatir el significado de corazas, cascos, relieves y otros asuntos en el quehacer de Navascués. El cuerpo, así, se reflejaría en conceptos tales como estatuaria, mutilación, ortopedia o automatismo, tan recurrentes en su carrera y tan claramente definidos en sus maderas que, por cierto, tienen aquí su ejemplo más hermoso en una pieza ondulante, en gran formato, que traduce en dos planos la fuerza de la materia y la sutileza del color. En otras maderas, más características, late esa magia antropomórfica del autor, capaz de equilibrar lo tactil y lo intangible con una rotundidad absoluta.

Los papeles, en línea con los que ya expusiera Cornión hace varios años, acogen las veladuras, los guiños vegetales y los textos esporádicos de Navascués, recreando un profundo mundo interior ligado a lo sublime y atormentado por preocupaciones casi espirituales. Es, quizás, ese ‘desprecio del cuerpo’ que Pepa Pardo reinvindica en sus reflexiones sobre Navascués, donde fluyen espacio y tiempo como dos argumentos obsesivamente recurrentes. Espacio como lugar y meta, tiempo como medida de sentimientos. Con ellos, la pasión por hallar soluciones técnicamente válidas a cada enigma convalida, una vez más, cualquier encasillamiento de José María Navascués, uno de los artistas españoles más originales del siglo XX.