Experiencia, vitalidad y luz


Autor: Ángel Antonio Rodríguez
Publicación: El Comercio 26-12-1997
Las pinturas de Camín narran sus nacientes emociones.

Las obras que presenta estos días Joaquín Rubio Camín (Gijón, 1929) en su ciudad natal le sirven de confesión para narrar las sensaciones que está recibiendo en su retorno a la pintura donde aún mantiene, desde la solidez de la experiencia, la fresca vitalidad del novel. La calidad técnica y la meditación priman en estas piezas, ofreciendo temáticas cómplices con nuestras miradas.

Los cuadros, que estarán colgados en la galería gijonesa Cornión hasta el 18 de enero, han sido realizados en su mayor parte con materia acrílica, prescindiendo casi exclusivamete del óleo que tanto entusiasmó a Camín durante su juventud. Sin embargo, aquí obtiene empastes, más o menos gruesos; que recuerdan las texturas de antaño, y usa también paisajes o naturalezas muertas como motivación temática. La variación con respecto al pasado, pues, no debe buscarse en las peras, ni en las masas arquitectónicas, ni mucho menos en la calidad del dibujo o en las vibraciones cromáticas del conjunto. Camín, que nunca se cansa de aprender, hace mucho que superó las trabas técnicas del ejercicio pictórico, y hoy sus intereses discurren por otros derroteros. Camín busca nuevas sensaciones que, en el recuerdo lejano o en la imagen fugaz, le permiten aplicar sus abundantes conocimientos artísticos a la obra. Así, entre la aventura, el juego y el goce contemplativo, desarrolla la experiencia adquirida en estos treinta y seis años de trabajo escultórico, proyectando numerosos conceptos constructivos hacia las telas.

Esta pinturas, por tanto, recogen el testigo de una mano acostumbrada al modelado, al estudio del angular, la austeridad y la síntesis de espacios; una mano que contiene esa fuerza expresiva capaz de ordenar los elementos mediante deliciosas disposiciones que respetan el oficio sin servilismos, permitiéndose libertades representativas ajenas a los realismos demasiado cerrados y amigas de la fantasía.

Por eso, a grandes rasgos, la obra se nos presenta como un diálogo constante de la materia con el pintor quien, tras elegir un motivo cercano, lo traduce a ritmos esencialmente plásticos, libres de ataduras formales. Con ello Camín plantea armónicas soluciones compositivas, a veces complejas, como en las piezas de mayores registros metafísicos, otras directas, proporcionando lecturas utópicas pero siempre eficaces.

El título de la exposición, "Los celajes y su luz", trata de retratar a los protagonistas de la muestra, esos inmensos celajes que penetran en Valdediós por las claraboyas de la casa del artista y, a menudo, le hacen detenerse en la carretera para admirar la belleza de un cielo tormentoso. Celajes y atmósferas que comparten a diario la, intimidad de Camín, un artista completo, que habita este mundo desde el arte, por el arte y para el arte. Y es que, como él afirma frecuentemente, «el arte es una manera de pasar por la vida, y sirve para hacerse uno mismo».