"Galería de mutuos retratos", un esfuerzo amistoso de once pintores asturianos


Autor: Paché Merayo
Publicación: El Comercio 28-09-1991
"Galería de mutuos retratos" es el resultado de una esfuerzo amistoso realizado y firmado por once artistas asturianos que se han pintado entre sí.

Esfuerzo, porque ninguno de ellos se dedica profesionalmente al retrato, ya que la descripción de rostros identificados, con nombres y apellidos propios es, para la mayoría, motivo de una huída que se traduce en la busqueda de la libertad y la falta de concesiones. Esfuerzo amistoso, porque el juego de salirse de su temática habitual ha tenido como motor la relación personal habida entre todos y profesada en esta aventura colectiva hacia Amador Fernández que, hace áños, cuando era aprendiz en una librería, se unió en tertulia a los pintores, y hoy, como propietario, recurre a su amistad para celebrar una década de vida de la librería-galería Cornion, la que se cumple este año.

Ayer, la aventura llegó a su punto álgido, al ser inaugurada la especial exposición, en 'las paredes de la galería, bajo la atenta mirada de los protagonistas. No todos, ya que tres, Melquiades Alvarez, Reyes Díaz y Ramón Prendes, no pudieron acudir a la cita.

El resto, Antonio Suárez, Pelayo Ortega, Rubio Camín, Josefina Junco, José Arias, Javier del Río, Julio Castaño y Redruello, estuvieron allí para celebrar la muestra. Fueron llegando poco a poco. Cada cual se situó al lado del reflejo pintado de sus rostros para elogiar el trabajo de sus colegas y expresar, unos la identificación que protagonizaban ante sus mutúos retratos y otros, el encuentro con una visión de sí mismos que no conocían.

SENTIRSE RETRATADO

El primero en dejarse ver comparado con su imagen fue Antonio Suárez, plasmado en papel por Pelayo Ortega. «El cuadro es perfecto. Soy yo esencialmente, me siento totalmente retratado», dijo Suárez, añadiendo rápidamente «soy uno de los más fieles seguidores de Pelayo Ortega, por lo que sería difícil que no me gustase su trabajo. Los trazos, la manera, todo es perfecto, además del parecido, que es evidente».

Antonio Suárez, que intercambió modelo con Pelayo Ortega por mutua decisión, es uno de los ejemplos claros del esfuerzo creador que supone "Galería de mutúos retratos". El, como la mayoría de sus colegas pintados, no es un pintor de rostros. «Hace años investigué el retrato y el resultado fue nefasto, tanto que ahora le tengo terror. No es que me resulte difícil, es que la gente no se conforma con la visión que has plasmado. Todos quieren ser más guapos y más guapas de lo que son»,explicó.

El modelo de excepción de Suárez, Pelayo Ortega, expresó la misma opinión que su retratista, a la vez que objetivo de sus pinceles, pero, además, añadió que «pintar personas identificadas trae consigo una limitación de libertad, dado que exige concesion a la persona que te ha encargado el cuadro. Es una labor bastante ingrata que impide crear en el concepto más amplio de la palabra. Como la mayoría de los que estamos hoy aquí, he realizado retratos amigos y familiares y, alguna ocasión, a personajes históricos, pero trato de escaparme con todas mis fuerzas del retrato de gente con nombre y apellidos propios que intente explicarme cómo debo pintarla.

Ortega se sintió pler mente identificado con la imagen que de él había captado Antonio Suárez y explicó que, «además de pintar mi gesto y mis rasgos, me ha pintado a mí,es decir, mi personalidad».

Ambos artistas coincidieron también en definir la exposición como un juego divertido en el que se identifica el retrato con el autorretrato, al ser realizado el primero ante el espejo de un amigo «que sabe de tus formas externas tanto como de las interiores».

En general, está fue la opinión de todos los pintores que acudieron a la inauguración de la "Galería de mutuos retratos". Sólo dos, Julio Castaño y su recíproco modelo y retratista Redruello, se manifestaron a favor de la obra como tal, más que de su significado como reflejo de rasgos y actitudes.

Por su parte, Joaquín Rubio Camín, que no pudo compartir la traducción de su trabajo con Ramón Prendes, modelo de su primer retrato público desde que dedicara su voluntad creadora a la escultura, por la ausencia de éste en la inauguración, se mostró encantado con el cuadro protagonizado por él y su verde Villaviciosa y firmado por Josefina Junco.

Josefina Junco, que recibió los halagos de Rubio Camín, no pudo hacer lo propio con su retratista Melquiades Alvarez -otro de los ausentes-, del que dijo que «nadie ha conseguido definirme de la manera que él lo ha hecho en este cuadro».

Uno a uno, todos los artistas participantes en esta aventura fueron explicando el cómo y el por qué de sus retratos y todos coincidieron en el reflejo más trascendente de la obra colectiva; todos hablaron de amistad y buen hacer.