Cerámica y color


Autor: Angel Antonio Rodríguez
Publicación: Diario El Comercio 22-Sept.-2000
La obra de Ángel Domínguez-Gil sorprende por su potencia pictórica

Desde el año pasado, Ángel Domínguez-Gil (Gijón, 1956) está volviendo al circuito artístico asturiano, tras un largo silencio. Ahora recala en la galería gijonesa Cornión, donde sus pinturas sobre soporte cerámico ofrecen un novedoso ritmo expresivo, basado en las calidades y la espontaneidad formal.

Durante el siglo XX muchos pintores se atrevieron a emplear soportes cerámicos, incluso un maduro Pablo Picasso que, como casi siempre, resolvió bien la apuesta. También algunos creadores de nuestra región probaron suerte en los últimos años, animados por la Escuela de Cerámica de Avilés, cuna constante de trayectorias fértiles. Sin embargo, que un declarado ceramista aborde labores pictóricas es poco habitual, y eso es lo que hace ahora Ángel Domínguez-Gil, integrándose con plenas garantías en la nómina de los pintores asturianos comprometidos con los tiempos.

No en vano, la muestra que presenta Cornión hasta el 11 de octubre responde a una actitud simultáneamente espontánea y reflexiva, capaz de sorprender en su esencialidad plástica y en su aportación iconográfica, que recuerda la aparente ética ingenuista de Paul Klee y otros grandes maestros para traducir rigurosos planteamientos artísticos, alejados de lo anecdótico, y superar lo meramente artesanal.

Las piezas colgadas en las paredes de la sala, homenajeando al arte del barro y el fuego, prescinden de efectismos texturales para desarrollar historias cíclicas, en contrastes cromáticos bien planteados que proyectan hacia el espectador tiernas sensaciones, con eficacia y austeridad. Acotando pequeños espacios a través de masas de materia y de sutiles manchas de color, el artista desarrolla series temáticas, que titula genéricamente Situaciones, donde la ironía global funde conceptos informalistas y composiciones conjuntas, situándose en una clave neofigurativa que, con esas perspectivas, aún le dará mucho juego en próximas investigaciones creativas.

Los azulejos, de formato cuadrado, se inscriben en soportes de madera, revalorizando con el lo su tensión estética. Las gamas de color, como explica Ramón Rodríguez en el catálogo de la exposición, emplean procedimientos sencillos, con fondos rojizos, verdes o amarillos y personajes negros que se aplican con técnicas de bajo cubierta, esgrafiando las líneas finales con trazos sobrios y directos. En algunas piezas se armonizan las superficies desnudas y la loza pintada, manejando volúmenes estratégicamente relacionados entre sí. Con todo, Ángel Domínguez-Gil presenta una interesante solución, sincera y atractiva, que merece la pena analizar.