Ternura esencial


Autor: Angel Antonio Rodríguez
Publicación: Diario El Comercio 23-Marzo-2000
La galería gijonesa Cornión expone estos días las pinturas recientes de Estrella Sánchez (León, 1952), cuya mirada se dirige habitualmente a los colores sienas, la geometría y la síntesis, empleando objetos cotidianos y escenografías sencillas para profundizar en el análisis de formas y texturas.

La carrera de Estrella Sánchez se inició en Santander, donde residió hasta que, en 1977, se trasladó con su familia a Gijón. Su obra, sin embargo, no es demasiado conocida en Asturias, que acogió su única exposición comercial en la misma galería (Cornión, 1995). Excelente retratista, Estrella Sánchez ilustró también varios libros, y participó en algunas exposiciones colectivas dentro y fuera de la región, como La montaña en la pintura asturiana o Artistas de la solidaridad, esta última organizada por EL COMERCIO.

En todas esas aventuras llamaban la atención sus rigurosas maneras creativas, amigas de la esencialidad, el color, la figura y la geometría, en temáticas cuyos motivos no eran más que pretextos para la composición, y cuya intención primordial era indagar en las posibilidades plásticas de las texturas resultantes.

La introducción de papeles coloreados sobre el soporte, tabla o tela, a modo de simulados colages, la depuración constructiva y la concienzuda manera con la pintora desarrollaba sus historias sobre las superficies de cada pieza recogían entonces ciertas herencias matissianas que, bajo perspectivas tiernas y sosegadas, trataban de proyectar un mundo complejo desde la sencillez formal. Buen dibujante, Estrella Sánchez dividía el cuadro en planos e introducía frecuentemente líneas, para acotar el espacio interior o romper la simetría del conjunto. Había también algunas improntas metafísicas, y claras evidencias de su admiración por autores muy cercanos, como Camín o Pelayo Ortega, cuya trayectoria interesa a la pintora que, como ellos, huye de lo decorativo y lo superficial sin despreciar la armonía estética.

Ahora, Estrella Sánchez continúa fiel a todas esas vías, sin cambios excesivos, sin brusquedades, en un quehacer lento pero ininterrumpido. No aparecen algunas levedades gestuales que antes le interesaban bastante, pero sigue habiendo un control absoluto sobre cada pincelada, en un proceso creativo muy mimado, que no descuida la atención a ningún centímetro del soporte elegido.

Pinturas que imitan el papel o papeles que imitan las superficies pintadas, en un divertido juego textural, son la base de estos trabajos. Alguna que otra ironía, expresada en títulos tales como último modelo o Tomando la luna, avisa también de sus sanas intenciones, donde faltan aún esos ritmos que patenten su personalidad, para evitar comparaciones poco recomendables.