La escultura de Ernesto Knörr


Autor: José Antonio Samaniego
Publicación: La Nueva España 21-12-2002
Emesto Knörr (Vitoria, 1957) es un alavés que trabaja desde hace veinte años en Asturias. Vive en Cereceda, un pueblecito cercano a Infiesto, al pie del Sueve. Está casado con una escultora, Carmen Castillo, de quien pudimos ver la serie "Clan" de esculturas en bronce, el año pasado, casi por estas mismas fechas, en Comión. No es Ernesto Knörr un artista que prodi. gue mucho la§rexposiciones individuales Se mueve por el conjunto del territorio español y en circuitos europeos (Bélgica, Holanda, Gran Bretaña...), pero se encuentra en este momento especialmente liga. do a Asturias. Es la primera vez que podemos ver una muestra suya en Gijón. Antes habíamos visto piezas sueltas en exposiciones colectivas, pero tampoco con mucha frecuencia. Se encuentra ocupado por los encargos de particulares o de instituciones. Gentes que viven en chalés individuales, rodeados de amplias zonas verdes, adornan sus espacios exteriores con piezas de Ernesto Knörr. Gusta. Tiene gran demanda. Y son varias sus esculturas públicas repartidas por Asturias. "Portón" en el cementerio de Avilés. "Árbol" (1996), pieza de aspecto orgánico, nada habitual hasta ahora en su producción, en la plaza mayor de Infiesto. "Tolerancia" (1998), juego de equilibrios concretos entre fuerzas divergentes, instalada en Parque astur (Corvera). "Picos de Europa" (1999), macla de hierro que combina el mini mundo .de los cristales con el macro mundo de las montañas, colocado en Cangas de Onís. La última es "Litoral" (2002), que dialoga con el horizonte marino, los acantilados y las gaviotas, en un paseo costero de Viavélez.

En Comión nos presenta Ernesto Knörr veinte piezas trabajadas en acero cortén con pátina de óxido en los elementos grandes, y en cuadradillo de acero inoxidable, a veces abrillantado a la lima, en los elementos menores. Se trata de pequeñas piezas pensadas para el interior de la casa. Si las grandes piezas de Knörr parecen volar ingrávidas arrancando directamente del suelo o se desenvuelven en el espacio a partir de un pedestal, aquí siempre se relacionan con una base cúbica "
Todo el mundo sabe que a comienzos del siglo XX suceden al menos dos cosas con el arte. Una que se democratiza y entra al servicio de la creación individual y de la comunicación entre iguales. Y como consecuencia, dejan de considerarse como únicos los ricos materiales tradicionales de la escultura (oro, mármol, bronce), aceptándose la madera, el hierro y cualquier otro material, llegando en esto muy lejos los artistas contemporáneos. Pasa también que los artistas dejan de considerar que el fin del arte consista en la imitación de la naturaleza y se pasan a la posición contraria, propia de las vanguardias cercanas al cubismo y la abstracción, considerando que el arte es cosa mental, producto de la inteligencia y de la razón, más que de los ojos. En estas coordenadas se mueve Emesto Knörr. El tamaño grande y la renuncia inicial a la figuración lo separan del fundador de la escultura en hierro, Julio González. Para nada entra en el terna de los desarrollos del cubo o la esfera, que distingue a los cubistas clásicos, como Jorge de Oteiza o Amador. El uso del hierro en prismas huecos y no macizo, lo distingue de Chillida, demasiado severo para la alegría y la vitalidad intuitiva de nuestro autor. Tampoco usa el hierro en superficies (Fernando Alba), ni en angulares (Rubio Camín), ni en varillas de acero corrugado (Amando González), que se acumulan y añaden como si fuera barro. Ni retuerce el hierro como Martín Chirino, especialista en curvas y caracolas.

Ernesto Knorr construye sus esculturas trabajando con media docena de pequeñas piezas de distintos tamaños. Unas son largas, otras medianas, y otras como dados. Con estos cinco o seis o siete elementos como máximo, compone un espacio, insinúa unas fuerzas, marca vuelos, contrastes y equilibrios. Los elementos se apoyan sobre una base "cubos", brotan desde lados distintos de un hueco "bloque", interrumpen una columna "Ascendente", nº 10. "Conjunción", nº 19 o se comparan con el prisma que le sirve de apoyo "Múltiples", nº 1 a 7. En "Continente-Contenido" (nº 14) el espacio de encuentro brota entre dos piezas arrimadas, lo que le confiere cierto aire antropomorfo. Son piezas delicadas y llenas de sensibilidad. A veces sugieren elementos de máquinas, como palancas de mando o ruedas de engranajes, especialmente si hay algún elemento curvo. Otras veces se acercan a formaciones cristalinas instaladas en sus huecos, como las geodas. Y en los últimos tiempos algunas piezas se acercan a desarrollos menos .geométricos, más libres, más orgánicos, como tallos con sus flores.

Gran placer causa comprobar el efecto que provoca la escala. Si se han visto piezas grandes de Ernesto Knörr, como alguna de las señaladas en lugares públicos de Asturias, enseguida cae uno en la cuenta de cómo influye la escala, la diferencia de tamaño. Las piezas pequeñas nunca pueden dar la sensación de ingravidez, de vuelo y desafío a la gravedad, o de resolución de grandes tensiones, porque no se perciben como pesadas, no sé las ve sometidas o dependíentes de fuerzas poderosas. Las piezas pequeñas son íntimas, amables y ligeras, dan la impresión de estar al arbitrio de tu voluntad, de que puedes cambiar con la mano la posición de los elementos, que parecen pegados con cualquier cosa sin aparente esfuerzo. Y, sin embargo, no es que haya distintas composiciones en las piezas grandes y pequeñas. El espacio construido puede ser muy similar, las piezas pequeñas pueden ser ampliadas sin que sufra la forma. Pero el efecto es muy distinto. Las piezas pequeñas de Ernesto Knörr seducen por su precio sismo y musicalidad, a pesar del material fuerte y arisco con que están construidas y por musicalidad podemos entender lo que entendía Pitágoras, el juego de espacios o distancias que relacionan los sonidos con la longitud de las cuerdas que los producen.