La pintura es un vehículo emocional


Autor: Ángel Antonio Rodríguez
Publicación: El Comercio 1-11-2002
El artista, residente en Luanco, presenta su obra reciente en una exposición que homenajea al cine y la música, defendiendo la sutilidad contemplativa.

La exposición que presenta estos días el pintor Ramón Isidoro (Valencia de Don Juan -León-, 1964) en la galería gijonesa Cornión, bajo el título ‘Music and living films’, se compone de obras realizadas en los dos últimos años.

Los responsables del Festival Internacional de Cine han querido que coincida con el certamen, en la tercera semana de noviembre, para animar al público a interpretar este íntimo diálogo entre la pintura, la música y el cine. No en vano, el artista lleva mucho tiempo patentando su interés por una pintura de guiños esenciales, alejada de recursos fáciles, una obra donde sean capaces de convivir armónicamente la música, la poesía y otros estímulos.

En la última década, Ramón Isidoro ha demostrado ser uno de los artistas más sólidos de su generación, manteniendo su fe en esas premisas. Su trabajo evoluciona desde el silencio, filtrando sensaciones que percibe antes, durante y después de cada sesión. Continúa fragmentando las obras, de vez en cuando, en dípticos, que provocan cierta sensación de continuidad.

En tu obra no hay figuras, ni registros representativos, pero cada pieza es fruto de un sentimiento autobiográfico, donde habla la propia materia, entre capas y capas de pintura. En esta ocasión, la música y el cine cobran protagonismo.

La exposición podría definirse como un ‘storyboard sonoro’, en el que el color habla por si solo. En la muestra hay dos piezas grandes: ‘Mogwai verde’ y ‘Mogway rojo,’en homenaje a la música ‘post-rock’, que elabora sus composiciones solapando ritmos. Además, hay otras cinco piezas de la serie ‘Escenas’, que comencé tras ver la película ‘Dukhovnye Golosa (Spiritual voices)’ de Sokurov, con música de Mahler y Tchaikovski. Por último, presento tres dípticos de pequeño formato, con mayor relación con las exposiciones anteriores, buscando el contraste. La pintura, para mí, es un vehículo emocional, un parapeto que recoge mis estados anímicos.

Son, en fin, atmósferas profundas, que reclaman la atención del espectador iniciado, animándole a recorrer cada centímetro de papel o tela. Declaraciones de un pintor que afirma no concebir un mundo sin contemplativos ni poetas.

Creo que la creación debe relacionar realidades y silencios, sin miedo a llamar las cosas por su nombre. El riesgo es que esa creación se disuelva en unas cuantas sensaciones, tanteos en la sombra, que es lo que realmente son un buen cuadro, una buena película o una buena canción. Trato de lograr ese equilibrio.

Tú preguntas y la pintura te contesta. Lo difícil, quizás, es apreciar en tanta sutilidad plástica tus mismas sensaciones. ¿Eso es posible, aunque hayamos vivido otras películas?.

Es posible, creo, porque apreciar la pintura sólo exige adueñarse de la melancolía, del instante, de la estructura de un empaste. Un grito o una nota musical, para mí, equivalen a un color, que no es ni más ni menos que una forma de expresión. Pero cada uno puede interpretarlo como quiera.

Son reflexiones, desde la abstracción, en una convivencia casi religiosa.

Soy muy obstinado. Insisto, creo que buscando una forma poética se puede entrar en la realidad más inmediata y cotidiana. Pero sin conceder nada a la anécdota.