Paisajes de bosque y costa


Autor: Diego Medrano
Publicación: El Comercio 9-02-2018
José Arias inaugura esta tarde su visión de El Dorado en la galería Cornión

José Arias (Gijón, 1953) presenta desde hoy y hasta el 16 de marzo en la galería gijonesa Cornión `En busca de El Dorado'. La muestra consta de una veintena de obras, realizadas con pintura acrílica, tinta y barniz sobre tabla, que reproducen paisajes de costa y bosques repletos de expresividad, creados utilizando la técnica del vertido, tan característica de este artista y en la que el azar juega un papel fundamental en el desarrollo final.

`En busca de El Dorado' hace referencia no solo al color, incorporado en esta última serie, sino a esa búsqueda llevada a cabo por el artista en su pintura, en sus planteamientos éticos y estéticos, tratando de devolver al arte su vocación más íntima. «El arte es comunicación, anhelo de transparencia, deseo de encuentro. Y sin amor no es posible», en opinión de Arias. Más lírico en la costa, más expresivo bosque adentro, su mundo es todo luz y plenitud, paisajes ajenos a la figura humana, donde la sensación de soledad majestuosa lo es todo. Se habla poco de la abstracción del paisaje como vanguardia absoluta: en el XIX la abstracción del paisaje era eso mismo, espíritu del paisaje, en una tradición muy específica romántica del norte de Europa y América como origen de la abstracción moderna El viaje es ya muy conocido: la progresiva transformación del paisaje desde la incipiente espiritualización de sus formas en el romanticismo hasta su disolución total en el expresionismo abstracto americano.

Podría hacerse una comparación o estudio nada baladí entre la tradición paisajística del norte de Europa (la del primer romanticismo) y aquella otra abstracción moderna norteamericana sustentada en eso .mismo: el nacimiento explícito de la abstracción desde el espíritu del paisajismo romántico. Los paisajes de Arias son de absoluta ensoñación, formas disueltas, poesía evanescente, y todo el conjunto es color, esa búsqueda de luz del título, como totalidad ejemplar.

El pintor sugiere, no juzga, no da nada por cerrado, y en su ambiente la condición atmosférica es elemento crucial de la composición junto al espléndido tratamiento de los cielos (celaje) en línea y conflicto con el horizonte y sus luces. Paisaje natural, de acuerdo, pero, en mi opinión, un paso más allá del realismo: paisaje también onírico, inspirador de sueños, sin llegar a las cotas del surrealismo, que es normalmente el que lleva más ríos de tinta en esos límites.

Si entendemos sentimiento y sensación cromática, siempre a través del paisaje, qué duda cabe del expresionismo de Arias, en esas coordenadas impuestas por Cézanne como padre de la pintura moderna (la misma montaña Saint-Victoire del propio Cézanne, a este respecto). Pero dentro de ese paisaje expresionista (referencias más clásicas serían Erich Heckel o Karl Schmidt-Rottluff) también hay otro que linda con el modernista (a la manera, sí, de Klimt o Schiele).

Realismo y representación necesitan de abstracción, y ahí surge ese paisaje abstracto sin figuración (Bazaine, Le Moal, Manessier) o todo un expresionismo social (Guttuso) o el punto y puro extremo de la naturaleza donde no habría naturalismo ni realismo cuanto experiencia vitalista mística sobre la naturaleza (Helmut Ditsch). Arias es un poeta de las horas naturales, su luz dorada también es niebla y ambivalencia, la desnudez ambiental es cálida y sus mundos difusos en fuga dan lugar a la mejor esperanza o fantasía.