Los vertidos de Arias se hacen luminoso paisaje


Autor: Rubén Suárez
Publicación: La Nueva España 28-02-19
La rareza suprema es que la materia, conservando su autonomía, adquiera tan pronunciado carácter de estilo


Cuando se hace balance de la cultura asturiana, Gijón suele llevar fama de "ciudad de pintores", porque abundan allí más que en otras ciudades de Asturias , y también de contar en su historia con un buen número de artistas atípicos, sea por su trayectoria, peripecia personal, anecdotario o, como es el caso del gijonés José Arias, por las peculiaridades de sus técnicas o materias. Porque Arias, como bien sabe el aficionado al arte, es conocido por trabajar desde hace bastantes años con la técnica del vertido, poco utilizada y no desde luego con el dominio que él acredita. Sin pinceles, espátulas ni ningún otro medio de aplicar la materia directamente, ahora me dicen que también sin dedos. Solo la materia derramada sobre el soporte de tabla que el pintor balancea agarrándolo por los extremos para que vaya ocupando su lugar, sin más ayuda ocasional que una jeringuilla, no sé si decir por mi cuenta una esponja, para perfilar la forma, para crear la pintura. Me lo explican desde hace tiempo con insistencia y nunca lo entendí muy bien, pero ahora, vista esta última y muy admirable exposició, no lo entiendo en absoluto.

He escrito sobre dos exposiciones de José Arias realizadas con el vertido. En la primera cité "la lógica misteriosa del azar", que es frase de Max Ernst referida al surrealismo, y cuando la segunda especulé sobre el azar como posibilidad de imagen, lo que se explica por sí mismo. Ahora no solo es que crea que el azar tiene muy poco que ver con esta obra sino que por otra parte no puedo concebir cómo es posible que esta pintura de ahora pueda ser realizada con tan elementales medios. Ángel Antonio Rodríguez, que lo conoce bien, de antiguo y de cerca, escribía sobre estas obras en su comienzo en los años noventa: se trata de un proceso dotado de armonía pero carente de serenidad, son concesiones a las miradas ávidas de decorativismo... imaginando escenografías y al margen de las abstracciones o representaciones... autonomía sin anécdota.

Más bien vaguedades, aproximaciones que a estas alturas ya no serían de recibo porque las "miradas ávidas de decorativismo" se ven satisfechas, y nada malo hay necesariamente en ello en cuanto a lo artístico, en unas pinturas que combinando abstracciones y representaciones plantean un evidente e interesantísimo acercamiento a la naturaleza. José Arias hace en realidad una muy atractiva pintura de paisaje poniendo por primera vez énfasis en la intensidad de la luz y la limpieza o decantación de la materia, asumiendo presupuestos de la figuración con la incorporación de soluciones de clara referencia paisajística. La rareza difícil de superar por parte del espectador es que consiga, conservando la materia en tan grande medida su autonomía, dotarla sin embargo de la creatividad propia del estilo personalizado, de la acción directa y expresiva de la mano del pintor.

Las pinturas con árboles son lo más reconocible con respecto a la obra anterior, en formas, diseños y atmósfera; también en reducción cromática, como surgidos del gris de la noche, del vacío oscuro, etéreos generadores de plateada luz, que fue título en una exposición, aunque han ganado mucho en diversidad, cualidades formales y calidades plásticas, como sucede también con las texturas de fondo que enmarcan su "aparición". Pero hay que reiterar que lo más admirable, espectacular y enigmático está en las inéditas visiones paisajísticas y su génesis, en las armonías de sugestión figurativa con la división del plano tierra-mar-cielo, entre los extendidos campos de color y las bandas horizontales que completan la estructura compositiva.