El Gran artista de lo pobre


Autor: Diego Medrano
Publicación: El Comercio 10-02-2018
Juan Manuel Puente presenta en la gijonesa Cornión su serie “Espacio y forma”

Juan Manuel Puente (Cantabria, 1951) inauguró ayer en la galería Comión de Gijón `Espacio y forma' (hasta e13 de marzo). Rafael Fombellida refiere en el catálogo de Puente al místico del arte, vocacional y orgánico, siempre original, distinto, extraño; el artista de lo ético-estético fiel a unos principios rectores muy en la onda metafisica (origen y finitud, infinito y perdurabilidad, fracaso y ser, tiempo y olvido, etc). Sería un paisajista de lo imaginario siempre con ancla en lo minucioso; obra para ser pensada, lo material en linde con lo geométrico que articula la obra en grumos, escurridos, apiñamientos y `drippings'. Artista de lo pobre, muy bien visto por Fombellida: «No hay materiales pobres ni más nobles; noble o pobre solo es el tratamiento, bien responda a un pensamiento estético legítimo o al vacío lúdico del ingenio y la mercadería; bien lo consolide un aliento humanista y metafísico como el de Puente, o los juguetes cromáticos que colonizan los parques de atracciones del arte-espectáculo».

Carlos Alcorta, autor del segundo texto del catálogo, subraya esta riqueza anterior de la pobreza material:el papel, el cartón, la cola, el caucho y las tijeras como actos igual de suicidas que heroicos; la hostilidad del `collage' desde la pintura y escultura, al que Picasso fagocita rápidamente,el Dadá otorga carta de naturaleza y Braque duda del mismo sin reservas. Puente -según Alcorta- une el prestigio antiguo del `collage' con la tecnología contemporánea de la posmodernidad. Se cita a Santiago Amón y no es baladí la frase sino muy bien traída. «La invención e introducción del `collage' en la pintura ha sido el equivalente de una cura de desintoxicación. Merced a ella, se han librado los pintores, por un momento, de la servidumbre hipnótica de la pasta y del papel. Han liberado sus ojos, sus manos y su espíritu de los encantos, demasiado hechizantes, del color en un tubo (...) Han renunciado durante el tiempo preciso, para adquirir mejores costumbres, a la apariencia seductora, a fin de ocuparse, sobre todo, de lo que podía haber en el fondo».

Puente es artista de lo pobre, de lo económico, de lo sintético, de lo esencial y, al mismo tiempo, de lo orgánico, de la conciencia y de una meditación a la que solo puede llevar la línea y la forma. Su pintura es espiritual a través de una armadura aparente de simpleza o inverosimilitud. No una imagen necesariamente representativa -como apunta Alcorta- de cuanto ocurre sino evocativa donde lo real es siempre territorio inédito, interior y no está sujeto al servido de lo visible cuanto de la idea. El viaje es, a la manera de Gerson, de lo visible a lo invisible, de lo corpóreo a lo espiritual. No transparencia comunicativa sino complicidad emocional.

La «determinación formal» de Klee es núcleo fundamental en la carrera del creador. Se alude a Ramón Xirau. «En la imagen viene a unirse la conciencia y su objeto, lo ideal y lo real, la palabra y el acto». El camino de Puente -apunta Alcorta- es desaprendizaje, reconstruir un mundo desarticulado a través de una narrativa fácilmente asimilable por el sujeto corriente. Ascetismo, lirismo, espiritualidad, formas y no significados preestablecidos, asociaciones accidentales, automatismos constructivos o subconsciente libre, objetividad y no credibilidad es su fuerza. Un yo frágil, temporal, asediado en el tiempo que le ha tocado vivir. La unión del simbolismo (francés) con la mística (española). Dinamismo entre las piezas, tridimensionalidad, juegos de sombra y luz, huecos y llenos, puntos de fuga, excitantes concavidades, falsas construcciones planas... un clásico.