Pelayo Ortega se muestra en casa

15 Noviembre 2015
'Pelayo Ortega vuelve a Cornión'. Puede que el título no se ajuste a la realidad. Porque en realidad nunca se fue, porque lo cierto es que las paredes de la galería gijonesa son casi como el salón de su casa. El jueves alza el telón a una nueva exposición tres años después de la última vez y no hay nervios: «Es mi galería de referencia, mi relación con Amador Fernández siempre ha estado ahí y he estado exponiendo de forma constante, es como estar en casa, y además en Gijón, que es también mi hogar, eso da tranquilidad, relajación, a la hora de afrontar una muestra».

Pelayo Ortega (Mieres, 1956) sabe que juega en territorio conocido. Y eso tiene muchas ventajas: «Cuentas con un público que no solo no desconoce tu trabajo, sino que lo conoce desde hace muchos años». Siente que entre el público asturiano su obra se comprende y se admira, pero también eso multiplica la responsabilidad. «Todas las exposiciones son trascentales para un pintor», concluye.

Son dieciocho los cuadros que colgarán de Cornión a partir del jueves próximo y que son una especie «de minirretrospectiva o pequeño balance de mi trabajo de los últimos cuatro o cinco años». Se resume así «el estado de la cuestión del trabajo de un artista» con sus intereses formales y pictóricos. «Creo que dentro de un proyecto artístico como el mío, que tiene sus constantes pero también está abierto a intereses y motivaciones e influencias, diría que es una obra esencialmente plástica, es una pintura muy pintura», confiesa.

Ecléctico en sus interese artísticos, siempre ha jugado Ortega con lo figurativo y lo abstracto con idéntida pasión. Pero quizá ahora la balanza comienza a inclinarse: «En las obras de los últimos años es como si la abstracción estuviera ganando la batalla», reconoce, y ve así abrirse una nueva etapa, como advierte también Elsa Fernández en el texto introductorio al catálogo de la exposición. «Ella que ha visto mi trabajo en evolución sabe que ahora ya están predominando los elementos plásticos más puros y los narrativos se están quedando en un segundo plano».

Ese baile entre la plástica abstracta y la figura se mantiene, en todo caso, aún presente en los óleos sobre lienzo, cartón y papel que componen -junto a obra tridimensional- la exposición, y que está abierta a que el público advierta aspectos inéditos de un artista en continuo progreso. «Creo que en mi trabajo la gente siempre percibe cosas nuevas, elementos distintos, singulares», señala Pelayo Ortega, que busca jugar con nuevas riquezas y atractivos para quien mira la obra. Pero ha de ser precisamente la mirada ajena la que diga la última palabra, la que descubra lo que incluso sus propios ojos no son capaces de ver. «A veces se subestima al espectador, que ve más cosas, porque la pintura es un género artístico abierto a muchas lecturas, y sobre todo una pintura como la mía, que permite que la imaginación del espectador saque su interpretación».

El jueves se abre la puerta a esas miradas que podrán ver cómo el artista avanza en una carrera en la que se va sumando más y más y que pese a que ahora se orienta hacia dar más protagonismo a la abstracción sigue nutriéndose del pasado. «En mi trabajo, los saltos, los cambios formales, nunca han sido bruscos, han ido conviviendo elementos de una época y de otra, de hecho todavía me sorprendo recurriendo a elementos antiguos, como los del señor con el paraguas».

El arte es una carrera de fondo, en la que -sostiene Ortega- «de lo que se trata es de ir sumando experiencias». Es la manera de mirar al futuro sabiendo que lo mejor está por llegar: «Soy de los que cree que las pinturas del futuro serán mejores, porque tendré más experiencias, porque las obras son el fruto de ser consciente, de ir sabiendo y acumulando datos y recursos».

M.F.Antuña
El Comercio