10 Febrero 2019

Elsa Fernández. Hija de Cornión, nieta adoptiva de Camín

Nació dos meses después de que sus padres inaugurasen la librería y galería, para echar los dientes rodeada de artistas.

Aida Collado
El Comercio

«Yo nací aquí». Lo dice echando la vista a volar entre marcos y cuadros cuyos trazos le son tan reconocibles como las líneas de su mano. Cornión, desde diciembre solo galería de arte, abrió sus puertas también como librería en mayo de 1981. Un par de meses después, llegaba al mundo Elsa, la hija de los dueños -Amador Fernández e Isabel de la Rosa-, para unir su vida a la historia del local de la calle de la Merced. Ella, que pasó su infancia dulce y risueña revoloteando por dentro y fuera, que supo integrar la curiosidad de la juventud y las ganas de buscar fuera, siempre ha intuido que antes o después volvería a la que es su casa. En realidad, nunca se fue. Porque está llamada a marcar el camino de lo que será Cornión las próximas décadas. Y tiene las cosas muy claras.

A Elsa, que estudió en el colegio Cabrales y se licenció en Historia del Arte, hubo un tiempo en el que le tentó la Medicina. Pero, por suerte para los incondicionales de la galería, se le atragantó la Física en tercero de BUP. «En realidad, Cornión era la alternativa que siempre estaba ahí. Nuestra vista estaba puesta en seguir adelante con la galería. Teníamos el negocio en casa». Y aunque sus padres quisieron que se fuese, que viese otras cosas antes de regresar, el final feliz pasaba y pasa por que Elsa se vaya integrando poco a poco y tome el relevo de Amador a los mandos del buque.

Bruselas y Valladolid

Regresó a Asturias tras vivir un año en Bruselas y cursar un máster de Museología en Valladolid, para trabajar en el Museo Jovellanos y en el Nicanor Piñole. Pasó a formar parte de la bolsa de la Fundación Municipal de Cultura, para la que hoy continúa trabajando desde la Universidad Popular. Pero quizá sus distinciones más importantes no aparecen en el curriculum. Con tres años, adoptó a Camín como abuelo, cuenta divertida. Artistas de la talla de Pelayo Ortega son de casa. Amigos. Amador ha ido tejiendo durante años «relaciones de amistad, de confianza total». Y Elsa creció en ellas. Así que «no hubo mucho que pensar, dar continuidad a todo eso es lo natural».

Ya lo era cuando devoraba todos los libros infantiles que estaban a la venta en la librería. Cuando corría calle arriba y abajo, con los hijos de otros comerciantes, para ver al perro de los antiguos propietarios de Bres o para colarse en La Orquídea. No olvida a Norber, el magó, que la atendía desde su quiosco. Ni el bar en el que les esperaban sus padres al salir del colegio. «Éramos los niños de la Merced», recuerda.

Hoy, casada y con una hija, tiene claro que Cornión «seguirá apostando por el arte contemporáneo e intentado buscar artistas asturianos». Busca relevo generacional para los consagrados artistas de la galería. Y no es fácil. «Queremos estar muy seguros de lo que entre, no nos movemos por modas o críticas, sino por lo que nos gusta a nosotros. Creemos que es la única forma de que la galería se mantenga, con gente afín a ti en lo estético y en lo personal». Porque la nueva galería, advierte, «no perderá cercanía, algo para mí imprescindible a la hora de vender la obra de alguien».

Elsa, que además de todo lo anterior es «un culo inquieto», amante de la música y el baile, sabe que en el futuro «puede pasar de todo».Pero quiere ver funcionar la galería durante décadas «con artistas de referencia nacional e internacional, como algunos de los que tenemos ahora».

Lo más dificil está claro: mantener el interés del público joven. «Que se olviden del móvil un rato y entren a ver una exposición». Cuando llegue el momento y Amador e Isabel pasen definitivamente el testigo, Cornión y Elsa estarán preparados. Lo están desde que nácieron.


EL PERFIL

>1981. Elsa Fernández nació solo dos meses después de que sus padres inaugurasen la librería y galería Cornión.

>Formación. Estudió Historia del Arte en la Universidad de Oviedo y un máster de Museología en Valladolid. Se crió entre artistas, amigos de sus padres.

>Personal. Está casada y tiene una hija, Gala, «que no tiene nada que ver con la de Dalí». Se define como «un culo inquieto» y adora la música y la danza, a la que ha dedicado cientos de horas.