Lo crucial es el lugar al que el cuadro te lleva

24 Marzo 2019
Miguel Galano expone en Cornión 'El mar siempre recomenzado'

DIEGO MEDRANO GIJÓN
El Comercio

Miguel Galano (Tapia de Casariego, 1956), uno de los gigantes del arte asturiano, presentó ayer en la galería Cornión 'El mar siempre recomenzado', título recogido de una frase de Juan Manuel Bonet, gran aliado y teórico de su obra. Define el artista el mar como asunto capital: «Nací frente al mar, siempre vuelvo a él. Pinté rosas en el pasado y ya no las pinto. Fue motivo de mi primera exposición en Gijón, en Durero, también de las iniciales en Madrid, en Utopía. Sé la habitación donde nací. No necesito ver el mar para pintarlo porque lo llevo dentro».

Huye de la figura humana y su costumbrismo pero no de los alrededores del mar en ópticas nuevas: «La mirada, como en mi serie 'Ecos de mar', se dirige siempre al horizonte. Los alrededores son rocas, agua y viento, monotonía. No me interesa lo onírico asociado a lo surrealista, muchas veces me coloco de espaldas al motivo para pensar, lo tengo interiorizado, me pasa con el paisaje o con las naturalezas muertas. Lo crucial es siempre mantener la voz, ver como esa voz crece, a veces el motivo es realista y otras, no. La fidelidad a algo me importa poco. Lo crucial es ese lugar al que el cuadro te lleva. Las claves no están en lo que ves, sino en aquello que tienes delante y en lo que te transmite».

Nieblas, casas, árboles y ahora mar, la pintura de Galano se mueve entre pocos límites y el artista lo subraya: «La pintura no está a la vista. La pintura siempre está detrás. Ese lugar donde la palabra no llega porque es el lugar de las emociones. Lo más importante es el vehículo, el viaje, los esfuerzos van a la sustancia de la pintura. No está en la casa o en el mar que pinto, sino un poco más atrás». Defiende el creador el concepto de pintura muda: «Cuando pinto, no trato de decir nada. No es una pintura narrativa. Otra cosa es que el espectador lo vea y le trasmita cosas. Cuando hay sustancia, hay comunicación. Estás vivo, algo te transmite. Siempre me planteo cero contenido. Los pintores que hablan continuamente de reflexiones a partir de lo que hacen no me interesan nada».

Desnudo y mar, vacío y lleno, los mecanismos del pintor son método y disciplina: «Me vacío frente al mar y me pongo a pintar. Es una actitud ingenua, infantil, sin ningún andamiaje teórico, nada conceptual. La brújula es la emoción, esta tiene que ver con la mudez y con la hondura. No hay nada más. En mi pintura no hay temas nuevos: la casa, el árbol, una farola. El motivo debe ser un lugar humilde. 'De ayer, de hoy y de siempre', como canta el bolero. No busco asuntos nuevos ni maneras nuevas. Estoy muy arraigado en una tradición. Es mi lugar».