20 Septiembre 2019

Pelayo Ortega da la alternativa a su hijo

La galería gijonesa Cornión reúne en una doble exposición la última obra del consolidado artista asturiano y la primera muestra de Javier Ortega.




Han pasado más de cuarenta años desde que Pelayo Ortega (Mieres, 1956), uno de los pintores asturianos más importantes de su generación, expuso por primera vez. Fue en la ya desaparecida sala Tasili, en Oviedo. El próximo día 27, coincidiendo con la celebración en Gijón de la Noche Blanca, volverá a la galería gijonesa Comión, su preferida desde hace años por su relación de amistad con el galerista Amador Fernández Carnero. Será un regreso especial: coincidirá en ese espacio de la calle de La Merced, laboratorio de tantas cosas del arte asturiano de los últimos años, con la primera muestra pública de su hijo Javier Ortega. Un Ortega dando la alternativa a otro Ortega.

Son artistas distintos, aunque compartan obsesiones temáticas: el espacio, el tiempo... Pero ambos manifestaron ayer un expresado júbilo por esta reunión familiar en Comión. "Me hace mucha ilusión que ambos coincidamos en una galería tan importante", aseguró Pelayo Ortega. Colgará en la planta superior de la sala una veintena de cuadros, pintados casi todos en los últimos meses."La ilusión es enorme y estoy muy satisfecho por la oportunidad que me brinda Cornión", manifestó Javier Ortega.

Pelayo Ortega nunca ha abandonado su estrecha vinculación con Cornión, donde suele comparecer cada tres o cuatro años, pese a sus éxitos en la galería madrileña de Marlborough. Las obras que presentará el próximo día 27 se reúnen bajo el título "Cosmogonía". Son piezas de distintos tamaños que, según explica Amador Fernández, "recapitulan" de alguna manera las adquisiciones estilísticas que el artista ha ido concretando en su relevante carrera.

"Hay varios registros: abstracción, pero sin perder la referencia de la figura; me resisto a acabar con esas figuras mías que son ya un poco como mi firma", adelantó Pelayo Ortega. Algunos críticos han subrayado el enorme talento del pintor mierense para moverse en un muy original eclecticismo del que ha surgido un estilo personal, perfectamente identificable.

"En esta exposición también simultaneo esos variados registros, incluidas cosas matéricas, pero estimo que hay en el conjunto una coherencia", precisó el creador. Una pintura de fusiones.

Javier Ortega, que tiene 32 años y estudió Diseño, reúne, por su lado, en "Dimensional Flush" piezas retroiluminadas y otras en las que utiliza materiales que van de la madera al metacrilato, el aluminio o las leds. "Hay incluso algún toque de pintura", indicó. Hay ahí un evidente interés por el mundo digital: "Quiero que el espectador viaje". Cultiva además la música, como comprobarán los espectadores de La Noche Blanca.

J. L. ARGÜELLES
La Nueva España