22 Septiembre 2019

Me gusta la dualidad entre lo cósmico y lo terrenal

"Mis padres me inculcaron el valor del arte y nunca me presionaron sobre el camino que debía seguir"

Javier Ortega (Madrid, 1987) se desplaza inquieto y excitado por el taller de enmarcación El Estudio, donde Paloma Maeso y Juanjo Prieto instalan el soporte a los cuadros que presentará e127 de septiembre en Cornión. Ese día, en plena Noche Blanca gijonesa, será muy especial para este joven artista: se trata de su primera exposición y compartirá sala con su padre, el pintor Pelayo Ortega. El debutante Javier en la planta inferior de la galería con `Dimensional Flush' y el maestro en el piso de arriba con una serie de obras realizadas en los últimos meses bajo el título `Cosmogonía'. No será la primera vez que los piezas de uno y otro dialoguen cerca, aunque cada uno en su propio espacio, ya que ambos trabajan en un estudio común en Madrid desde hace tiempo. Ahora, ante las miradas del público, ese posible diálogo entre los personales mundos de los dos artistas cobrará un interés añadido para quien acuda a visitarlos en la sala fundada por Amador Fernández.

«Haber nacido y crecido en un hogar donde tu padre es un pintor profesional te influye drásticamente a la hora de desarrollar tu instinto creativo. Tanto él como mi madre me inculcaron desde pequeño el valor del arte y la cultura, y, sobre todo, nunca ejercieron ninguna presión en el camino que debía llevar. Ese fue el estímulo gracias al cual, por mi propia voluntad, descubrí el mundo del arte», explica Javier. Sus primeros pasos de niño se acostumbraron a sortear los botes de pintura y los bastidores con los que Pelayo Ortega trabajaba allí antes de instalarse en un estudio propio. Si su hijo evoca ese comienzo del camino, recuerda: «Cuando en el colegio nos mandaban algún trabajo artístico, mientras mis compañeros lo veían casi como un juego, yo me lo tomaba bastante en serio, intuía que era una facultad que yo podía desarrollar». Lo haría, tras concluir el bachillerato, pero no formándose en el ámbito de las Bellas Artes, sino en el del diseño gráfico y posteriormente en el de la música electrónica, dos disciplinas que considera muy próximas a su creación en la plástica.

En obras como las que mostrará en Cornión, busca «espacios o dimensiones en las que el espectador viaje a un punto desconocido o misterioso. Me gusta combinar la dualidad que hay entre lo cósmico y lo terrenal, lo humano y lo artificial, elementos y formas que son entre orgánicas e imprecisas con formas más geométricas, sintéticas». Gran parte de ellas son impresiones digitales en metacriláto de dibujos realizados a mano y en ellas son perceptibles influencias que «del movimiento vaporwave, considerado el pop art del siglo XXI, por el propio pop art, el surrealismo o la escuela de la Bauhaus». Le interesan conceptos como el de la geometría sagrada o la Espiral de Fibonacci, donde se subrayan los límites entre la naturaleza y lo artificial.

El suyo es un universo propio, distinto al de su padre Pelayo, aunque reconoce que compartiendo es. tedio ambos se retroalimentan. « Y en `Cosmogonía' hay un acercamiento a mi mundo desde el suyo» Interesante diálogo en Cornión.

Pablo A. Marín Estrada
El Comercio