28 Septiembre 2019

Fascinaciones de la Noche Blanca

Museos, galerías y calles de la ciudad ofrecieron una cuidada y variada programación en una cita que empieza a ser un clásico del inicio del otoño

J. L. Argüelles
La Nueva España

Cierto que no se puede ver en tres o cuatro horas de una noche, aunque sea muy lunera, todo lo que ofrecen las galerías y museos gijoneses. Son más de cuarenta actividades, incluidas algunas importantes inauguraciones expositivas. Pero también es verdad que La Noche Blanca, adoptada por la ciudad y fijada al faldón de septiembre para dale consistencia y carta de presentación a la nueva temporada artística, es una manera de sumar en favor de la cultura y de quienes son algunos de sus servidores, aristas incluidos. Sí, una manera de decir todos juntos: aquí estamos y hacemos a lo largo de todo el año cosas de tanto interés y enjundia que no conviene olvidarlo.

La Noche Blanca de ayer fue, como la de ediciones anteriores (y de Deva al centro de la villa), un meditado escaparate en el que el arte (de Pelayo Ortega al debut de su hijo Javier, de Federico Granell a David Rodríguez Caballero, y de Noemí Iglesias Barrios a Diego Benéitez) convivió con la música, la magia, la costura de moda, la danza, el teatro o los audiovisuales. Aunque "el arte es largo y, además, no importa", como escribió Antonio Machado, esta cita anual que llega con los primeros pasos del caballero otoño tiene la importancia de las buenas declaraciones de principios. Podrá concentrar más o menos participación ciudadana, pero es innegable que reúne todos los años en museos, galerías y calles a un buen puñado de aficionados al artes y sus fascinaciones. Muchos gijoneses, como se puso de manifiesto de nuevo ayer, han hecho de la Noche Blanca una fiesta abierta a la cordialidad, la admiración, la curiosidad, el goce estético... Una perfecta manera de hacer ciudad y de ser ciudadanos.