28 Septiembre 2019

Las calles de Gijón sienten el arte

Pelayo y Javier Ortega, protagonistas de una Noche Blanca que se extendió por toda la ciudad.


El centro de Gijón seguía el ritmo habitual de un viernes. La gente inundaba los bares, las tiendas vivían el trasiego propio del inicio del fin de semana y sentados en los bancos muchos perdían el tiempo en su espera. La costumbre solo la rompía que, mientras la noche iba cayendo, los transeúntes encontraban nuevas paradas en su paseo: las Termas Romanas de Campo Valdés, el Centro de Cultura Antiguo Instituto, la Ciudadela, el Museo Casa Natal de Jovellanos y ocho salas de arte. La Noche Blanca convirtió la ciudad en una una gran galería y consiguió acercar el arte contemporáneo a los gijoneses a través de distintas propuestas en las que todos los participantes se dejaron el alma para lograr que este proyecto supusiera un acercamiento real de los ciudadanos a la cultura.

En Comión la cita era doblemente especial. Allí Pelayo Ortega y su hijo, Javier Ortega, inauguraban muestra conjunta, aunque cada uno en su sala. Pelayo Ortega presentaba `Cosmogonía', una muestra compuesta por una treintena de obras en las que predomina la abstracción y la figuración. Mientras que, Javier Ortega estrenaba `Dimensional Flush', su primera muestra individual, «algo nervioso». En esta muestra combina el soporte digital con el físico. «Suelo investigar sobre cómo adaptar el mundo digital a distintos soportes. Hay también una parte dedicada al mundo de la luz, con imágenes basadas en cosas que me inquietan como la relación espacio-tiempo, el cosmos o la dualidad entre pasado y futuro», explicó.

Padre e hijo coincidían en el valor de este tipo de propuestas para respaldar el arte y la cultura. «Por una noche todo el mundo, de todas las edades, sale a disfrutar de la cultura en sus distintas formas», apuntaban. Les daban la razón Amador y Elsa Fernández, sus galeristas, fascinados al ver la acogida de las exposiciones: «Esta es una forma fuerte de dar visibilidad a las galerías que pasan muchas veces desapercibidas. Hay gente que ni sabe que existen. Esta noche sale todo a la calle y hay mucho movimiento».

Y la ciudad entera lo corroboraba, porque las calles se recorrieron de una forma distinta. Los paseos fueron más lentos y la atención se acrecentó para captar con la mirada y los oídos todos los detalles de las muestras artísticas que ocupaban los espacios culturales.

Los artífices de la fiesta estaban encantados al encontrar abarrotadas sus salas y viendo como todo el esfuerzo invertido había merecido la pena. «Conseguimos acercar al público el mundo de la cultura y de las galerías. En Gijón notamos que la gente tiene miedo a entrar a las galerías y en esta velada notamos que se atreven a hacerlo. Las galerías de arte son de los pocos sitios en los que la cultura es gratis y esta es una buena forma de demostrárselo a la gente», contaba Bea Villamarín, responsable de la galería homónima. Para ella, esta es una oportunidad también de enseñar cómo es su día a día. «Empezamos la noche con una charla en la que se habla de arte de una forma muy dinámica sobre su relación con la música».

Los artistas se sumaron a las buenas vibraciones. «Siento que la gente participa, es muy interactívo. En Gijón hay mucho ambiente y mucha sensibilidad artística y este es el empujón perfecto para entrar», comentaba la pintora María Bejarano en la galería Adriana Suárez.

Como ella, Federico Granell, en Gema Llamazares, le ponía música a su particular recorrido por Italia en lienzos, tablas y hasta recreados cuadernos moleskine, su último hallazgo en nuevos formatos. Espacio Líquido con su sorprendente 'Rebel Heart', La Salita cargada de feminismo y música y, a unos kilómetros, ATM con `Más allá de lo bidimensional' completaron la oferta en salas.

Pero no hacía falta siquiera entrar en ellas para imbuirse en el ambiente artístico y festivo de la ciudad. En la plaza del Instituto, los músicos ponían banda sonora al ir y venir de los viandantes y, desde las aceras, se escuchaban las canciones que tocaban en el interior de las galerías. En el Centro de Cultura Antiguo Instituto, la afluencia superaba con creces a la de cualquier otra tarde y sus exposiciones fueron recibiendo durante la jornada visitantes de todas las edades que se animaban a disfrutar del arte. En la Ciudadela, los niños atendían entusiasmados al disco-cuento ilustrado de `Pulgarina', obra de Alicia Álvarez y Alicia Varela, y conocían, de paso, un pedazo de la historia de Gijón.

La noche no defraudó ni a galeristas ni a visitantes y logró congregar, además de a los habituales en estos espacios, a aquellos que usualmente no se acercan a estos rincones culturales y que, a partir de ahora, tal vez, los incorporen en sus costumbres. Esa es la intención

Ana Ranera
El Comercio