4 Enero 2020

La galería Cornión acoge hasta el 31 de enero, la expo. "Colectiva de Navidad"

Diecisiete artistas son los encargados de hacer un recorrido a través de las innumerables obras que han ocupado, alguna vez, las paredes de la galería Cornión. Todos ellos se unieron el 20 de diciembre en su casa artística con algunos de sus trabajos, para integrarlos en la muestra 'Colectiva de Navidad' que ejerce como resumen de los acontecimientos que tuvieron lugar en este pequeño rincón de la calle la Merced y que se podrá visitar hasta el 31 de enero.

Son muchas las disciplinas que se recogen en esta miscelánea artística: esculturas, collages, óleos, lápices, acrílicos, platas, pasteles y papeles que conforman una peculiar amalgama que lleva a tocar, sentir y sumergirse en expresiones que están en las antípodas unas de otras, pese a que se sitúan a unos pocos centímetros. Amancio enmascara con madera la fuerza de un hombre, mientras Camín recorta y une trozos de vida para darles una nueva en sus ciudades imaginadas. Dis Berlin se evade en la naturaleza y en el golf, aunque también fantasea con un gran gato azul y Edgar Plans dibuja sencillas y coloridas figuras. Fernando Peláez se queda con la simplicidad del «hoy es siempre todavía» y Francisco Fresno deja crecer las ramas, mientras Isabel Ruiz pinta Asturias. Las líneas de Javier Victorero dibujan horizontes y jardines, a la par que José Ramón Cuervo-Arango hace poesía con las flores silvestres y Josefina Junco pinta verdes pueblos asturianos.

El colorido y la luz se imponen en Luis Fega y Pablo Maojo, al mismo tiempo que la noche se establece en la obra de Miguel Galano. Miguel Watio encasilla a sus personajes y los protagonistas de Pelayo Ortega caminan firmes a través de la naturaleza. Santamarina moldea el metacrilato y Tadanori Yamaguchi plasma las olas sobre el mármol y recorta trozos de papel para crear sus blanquecinos mundos.

Esta exposición es viajar a diecisiete destinos y recorrerlos, con la mirada, en solo unos minutos, para, al acabar de contemplarlos, despegar hacia el siguiente puerto, abrirle un hueco en la retina y empaparse del mundo que se pinta y se construye ante la mirada de quienes convirtieron en arte lugares, fantasías, sueños y recuerdos. Con sus pinturas y sus materiales los hicieron perennes y admirados por cualquiera que se acerque a dar este particular paseo, de duración indefinida y de sentimientos que, a cada uno, le alcanzan a distinta profundidad y le acarician diferentes recuerdos del alma que se sienten con más intensidad que si fuera la piel la que se arañara.

Ana Ranera
El Comercio