12 Junio 2020

El arte va a muchos sitios y yo me dejo llevar

Miguel Watio trabaja en la intimidad de su estudio gijonés de El Llano con la mirada entre el lienzo y la calle

Norte-Sur: Artista autodidacta, nació en Sevilla en 1966 y reside en Gijón desde 2004.

Pop: Ha desarrollado una fértil carrera como pintor de línea clara inspirada en el pop y el surrealismo con toques de ironía. Cultiva también la fotografía.

Galería: "Desde mi ventana" (2011) fue su primera muestra individual en Cornión, sala en la que colgó su última exposición "Camin a niundes" (2020).

Pablo Antón Marín Estrada
El Comercio

Miguel Jiménez comenzó a ser Miguel Watio un poco por casualidad. .Una feliz confusión en el intercambio de correos electrónicos con el galerista Amador Fernández le regaló la firma con la que ha ido rubricando su obra singular, luminosa y ácida. Obstinado en el rigor de la forma y la técnica, metódico en su personal juego entre la geometría abstracta y la figuración, como creador confía sobre todo en el poder del azar. Lo expresa sin tapujos cuando se le lanza la pregunta fuerte para romper el hielo de la conversación, si cree que el arte es, como el título de su última muestra, un "Camín a niundes" (camino a ninguna parte). «Por supuesto que no. Al contrario, es un camino que va a muchos sitios y yo me dejo llevar por él. Cada nuevo proyecto es una aventura que sigo para ver a dónde va. Es un sendero en continuo movimiento».

Los títulos de algunas de sus exposiciones, como la citada, o las precedentes: "Idas y venidas" o "De paso", remarcan ese inquieto tránsito por la realidad en la que se desliza equipado con sus obsesiones más personales o en la busca azarosa de la sorpresa que puede estar a la vuelta de cualquier esquina. Y la figura del paseante, llenando el centro del lienzo o coqueteando en un margen con las abstracciones de línea y colores, tiene bastante de emblema de su propia actitud vital y artística, una misma energía para este surrealista con raíces pop. «Para mí es importante que el ser humano esté dentro de la obra, es lo que a mí me interesa realmente: todo lo que lo mueve, sus sentimientos, sus placeres, sus dudas, necesito que desprenda esa emoción. En unos casos el paseante puede tener rasgos autobiográficos o más genéricos como en "Camín de niundes", donde ese personaje un poco perdido representa a la humanidad en ese viaje a ninguna parte al que parece estar yendo», afirma.

Watio cultiva la pintura y la fotografía, dos lenguajes en los que pasea cómoda la mirada de su caminante con la del voyeur que observa a través de su lente curioso e irónico lo que pasa en la calle o "Desde mi ventana" (el título de su primera exposición). «La diferencia entre una y otra es que el lienzo en blanco lo dominas en el propio estudio hacia lo que quieres hacer y la fotografía surge con frecuencia de la magia de lo inesperado. Las dos requieren, en todo caso, una cierta intimidad para realizarlas», explica.

En el taller o en la calle, el artista sevillano confiesa trabajar obligado a una única y necesaria disciplina: «Me impongo un horario pero no para empezar desde tal hora, sino para pararme. Cuando me pongo a pintar se me va el día, me olvido de las comidas, de todo, no siento cansancio físico y he tenido que fijarme un límite para frenar».

Su mirada, en cualquier caso, reconoce que nunca se para: «En la vida, en el cine o paseando no puedo evitar ver un detalle pictórico o la composición de una imagen. Para mí es tan natural como respirar».